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Opinión

ADMINISTRACIÓN DEL ESTADO

Optimismo, conflictos de interés y principios impracticables: Miguel A. Erroz G.

Miguel A. Erroz G.
opinion@prensa.com

03/01/2013 - Frente a la realidad de partidos e “independientes” que muestran los rasgos habituales del clientelismo, oportunismo, etc., es comprensible perder la esperanza de alcanzar un futuro más justo. Pero siempre existen consideraciones que despiertan el optimismo. Lo siguiente reanimará, pero primero analicemos tres principios imprescindibles.

Un principio primordial indica adoptar una actitud proactiva. Todos los actos corruptos de funcionarios deben denunciarse. ¿Pero a quién se le deben reportar? ¿A un juez, un fiscal, un inspector u otro funcionario? Recordemos que en muchos países el juez, el fiscal, el inspector y otros funcionarios están al servicio de los políticos; y como miembros de su red clientelista deberán favorecer los intereses de sus patrones y partido político. Aquel que denuncie a un integrante de esta red clientelista estará revolviendo un avispero y con toda seguridad será él el investigado. Por lo tanto, este principio es ignorado.

Otro principio es resistir toda extorsión por parte de los funcionarios. No se debe participar en corrupción. ¿Pero cuál es el costo? ¿El demorar de forma interminable un merecido permiso, trámite o aprobación, con las repercusiones que esto implica en el negocio, carrera o familia? Este comportamiento perjudica severamente a su protagonista. Por lo tanto, este principio es comúnmente ignorado.

Por último, un principio fundamental señala que a través de las elecciones se elija al sabio y justo y se reemplace al deshonesto e incompetente. Sin embargo, el ciudadano común debe escoger entre los postulados por los partidos; y en muchos países, los partidos son maquinarias clientelistas en las que el patrocinio electoral es intercambiado por la concesión de algún beneficio estatal. Es decir, el candidato no es postulado porque sus contribuyentes confían en que es sabio y justo, sino porque es el tipo de persona que usará el poder para favorecer a quien lo patrocinó. Se puede decir que el ciudadano común no elige a los candidatos; y los que sí eligen lo hacen por razones clientelistas.

Es útil observar que estos valiosos principios no llegan a su meta cuando los políticos cuentan con las herramientas para coaccionar, permitiéndoles despojar al empleado público de su imparcialidad y subyugar al ciudadano a través del clientelismo. Por ejemplo, un fiscal que puede ser amenazado por el indagado, que cuenta con un aliado político con el poder de despedir al fiscal, si lleva el caso a juicio, es un fiscal con un fuerte conflicto de interés. Es decir, el político dispone de la herramienta para coaccionar al fiscal y usarlo como instrumento para reclutar o agraciar a colaboradores.

Debido a que la mayoría de las decisiones de los funcionarios tienen ramificaciones políticas, para posibilitar que los jueces, fiscales, inspectores, etc. sean imparciales, estos deben gozar de un alto grado de independencia estructural de los políticos. En parte esto se puede conseguir, por ejemplo, al crear constitucionalmente una autoridad autónoma que administre de forma científica la contratación de los funcionarios; gestionada por varios profesionales nombrados por una comisión de notables. Eliminadas las herramientas usadas para coaccionar a los funcionarios, una consecuencia es que los políticos pierden capacidad de arbitrariamente distribuir bienes, favores y castigos por medio del Estado, lo que irrumpe en el uso de estos para el clientelismo, el enriquecimiento ilícito y la impunidad. Otra consecuencia es que los partidistas que antes disfrutaban del clientelismo, ahora serán susceptibles a las ineficacias del gobierno y serán sujetos a las mismas leyes que el resto de la ciudadanía. Esto ayuda a armonizar la perspectiva de aquellos que patrocinan a los políticos con la de la ciudadanía en general, lo que representa una de las claves para que los partidistas postulen a mejores candidatos y así mejore el funcionamiento del gobierno. Por último, también se facilita la reducción de la corrupción de menor cuantía, por el hecho de que un funcionario que actúe corruptamente ya no contará con la red clientelista de protección organizada. Por el contrario, se encontrará rodeado por agentes independientes, libres para investigar y procesar casos de corrupción, lo que reduce la impunidad de los funcionarios y políticos para participar en delitos independientes.

Una crítica innegable es que lo anterior no resuelve que las personas sigan pensando primero en sí mismas. Pero esto no causa que actúen indebidamente, por razón de que en un ambiente libre de coacción, el actuar bien produce beneficios personales. Por lo tanto, mientras más se logre reducir estructuralmente la habilidad de coaccionar y otros conflictos de interés, mayor número de personas actuarán bien. Sistemas perfectos no existen, pero sí más eficaces incluso sistemas en los que quienes actúan indebidamente rara vez gozan de impunidad.

Se puede ser optimista en que principios como los anteriores funcionarán. Un punto de partida para alcanzar el éxito en este desafío es analizar qué garantizará la independencia estructural de los funcionarios.


SusyQ
Hace 1 ao

Es una buena guia y lo que pareciera ser un buen comienzo para poder aprender a como elegir a nuestros candidatos y tener gobiernos menos corruptos y en los cuales no esten envueltos los intereses personales de los candidatos y sus familias, coocidos, amigos, etc... Me gustaria saber si ven realmente una luz al final del camino

Poncio
Hace 1 ao

Si a la corrupción sumamos el problema de los "estados paralelos", las mafias de la droga y su gran poder fruto del dinero que manejan - miren México - veremos que el asunto es más profundo. una parte de la masa social seguirá con su inercia, rumbo al despeñadero. lo importante es que los despiertos, los que son genuinamente ciudadanos conscientes y responsables, idealistas, encuentren formas de aliarse en un trabajo común que permita que no todos caigan en el barranco.
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