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16
jul

El atentado a Donald Trump: cuando los pollos vuelven a casa

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El atentado a Donald Trump: cuando los pollos vuelven a casa
El expresidente Donald Trump es rodeado por agentes del Servicio Secreto de Estados Unidos en un acto de campaña, el sábado 13 de julio de 2024

El ataque al expresidente de los Estados Unidos Donald Trump, el pasado sábado 13 de julio en la tarde, se ha convertido en un incidente que ha sacudido a la opinión pública mundial. Por cuestión de milímetros, una bala de un rifle de asalto AR-15 (similar a un M-16) perforó la oreja derecha del exmandatario cuando pronunciaba una arenga de campaña en el estado de Pennsylvania. La ráfaga que hirió a Trump mató a un bombero que protegía a su familia e hirió de seriedad a otros dos participantes de la reunión. Lo que se sabe hasta este momento es que el atacante era un lobo solitario, un joven adulto blanco de 20 años de edad inscrito en el Partido Republicano.

El incidente es otro más de la larga historia de la cultura de la violencia de las armas de fuego en los Estados Unidos. Típicamente las víctimas de ese tipo de ataque eran “otros”: niñas y niños en una escuela pública, miembros de la fe judía en una sinagoga, miembros de la comunidad asiática en un barrio étnico, trabajadores del servicio postal en un depósito, o jóvenes homosexuales en una discoteca. En cada uno de esos eventos mencionados murieron decenas de personas, y la reacción por parte del flanco derecho de la clase política estadounidense fue la de oponerse a regulaciones de sentido común sobre las armas de fuego. Aspectos elementales como someter a todas las personas que quisieran adquirir un arma a un examen psicológico, la de prohibir armas automáticas y semiautomáticas por solo mencionar algunos ejemplos muy concretos. A su vez la Corte Suprema de Justicia de mayoría conservadora gracias a la presidencia de Trump, decidió, el año pasado, que el derecho a las armas de fuego es un derecho inalienable. El casi asesino de Trump, estaba ejerciendo su derecho constitucional.

Ahora se ha desencadenado una cacería de “culpables” en el servicio secreto de los Estados Unidos, principal agencia encargada de la protección de Trump. Vale decir que no existe la seguridad perfecta, y que todos los servicios de inteligencia del mundo han tenido fracasos significativos muy recientemente. Por ejemplo, los servicios de inteligencia de Israel no pudieron prevenir el ataque del pasado 7 de octubre de 2023, la inteligencia de Putin fue incapaz de detectar el ataque terrorista del Estado Islámico contra una sala de conciertos el 22 de marzo de este año, y por supuesto los servicios de inteligencia de los Estados Unidos han fallado repetidamente, en tiempos recientes, como el 6 de enero de 2021 con el ataque al Capitolio y el 13 de julio con el intento de asesinato de Trump. Por supuesto que tanto la inteligencia como los servicios de protección pueden mejorar, pero el punto aquí es que un individuo o un pequeño grupo bien organizado puede superar los controles de cualquier cuerpo de seguridad.

La gran crisis

Los Estados Unidos están viviendo dos grandes transiciones con fuertes consecuencias para su estabilidad social y política. La primera es una transición demográfica por la cual ese país dejará, en las próximas décadas, de ser mayoritariamente blanco, para convertirse en un país de grandes minorías raciales. A esta transición se le ha adherido una acelerada e incontrolada migración, principalmente de hispanoamericanos por la frontera sur. Esto ha exacerbado la xenofobia, el nacionalismo evangélico y un fuerte rechazo a las políticas de diversidad e inclusión social.

La segunda gran transición que enfrentan los Estados Unidos es tecnológica y por ende económica. Desde la década de 1970 viene deteriorándose la producción industrial de bienes en los Estados Unidos. Una sucesión de competidores externos como Japón, China y México, se llevaron millones de puestos de trabajo, principalmente de hombres blancos sin educación universitaria. Esto sacudió los cimientos de la clase media, exacerbó la concentración de la riqueza y amplió la brecha sociocultural entre la mano de obra física y la fuerza laboral intelectual del sector de los servicios. Esos hombres blancos que solían pertenecer a sindicatos y por lo tanto simpatizaban con el Partido Demócrata, se quedaron sin sus trabajos bien pagados y sin la estabilidad que el rol masculino de proveedor significaba para sus familias. En esta población la globalización es una palabra sucia y las normas regulatorias de protección de consumidores, de inclusión social o de calidad ambiental son vistas como imposiciones de una élite globalista y desconectada de su realidad. Los demócratas de las zonas industriales de Estados Unidos se convirtieron en republicanos.

El escenario

Todo parece favorecer al expresidente Trump en su búsqueda de la reelección. El actual presidente Joe Biden ha quedado ridiculizado como un hombre débil, consumido por la senilidad y rodeado de personas que lo mantienen aún más aislado y desconectado. El Partido Demócrata lleva más de un cuarto de siglo cometiendo el mismo error con el Partido Republicano. Los cambios institucionales que Estados Unidos necesitó y que pudieron hacerse durante el gobierno del demócrata Barack Obama fueron dilatados por los propios legisladores de su partido. Obama tuvo la oportunidad de hacer una reforma política, de limitar las armas de fuego, y de enrumbar la economía de los Estados Unidos hacia una nueva era de rápido desarrollo económico equitativo e incluyente. Sin embargo, el Partido Demócrata quedó atrapado en el rescate de la banca, y en el coqueteo con el extractivismo dentro y fuera de su país.

Para cuando Biden se convirtió en presidente en el año 2020, Trump había envenenado mucho más el clima político. Los demócratas esperaron demasiado, casi dos años para arrancar los casos iniciales contra Trump, coincidiendo precisamente con el periodo electoral. Simultáneamente, un flanco del partido forzó una política migratoria irresponsable, supuestamente para favorecer a los latinos, pero estos en su mayoría son los primeros que piden orden en la frontera sur.

Todavía es posible que Joe Biden gané la reelección presidencial el 5 de noviembre venidero. Es posible, pero cada vez mucho menos probable. Biden podría ayudarse y ayudar mucho a la paz social en su país si le concede un perdón federal a Trump por el caso de los documentos ultrasecretos de Mar -A-.Lago y por el caso de la insurrección del 6 de enero del 2021. En el primero de estos casos ya una juez trumpista ordenó su cierre, y aunque eso se puede apelar, en la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos lo esperan otros seis magistrado trumpistas dispuestos a hacer lo que sea para favorecer a su ídolo. Si Biden lo perdona, le quitaría el argumento de la persecución política y protegería a la institucionalidad judicial de los peores instintos de Trump 2.0.

La bala de plata

Cuando en 1963 fue asesinado el entonces presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, el líder religioso afro estadounidense Malcom X dijo que: “The chickens came home to roost”. Lo que significa que “los pollos volvieron a casa a su gallinero”. En 1963, Estados Unidos estaba profundamente dividido por la política exterior y las políticas sociales de su presidente más joven. En el año 2024, Estados Unidos sigue dividido con una gran herida por las políticas de Biden, y por un discurso de odio permanente que combina los ingredientes del racismo, la xenofobia, el nacionalismo de ultraderecha y una nostalgia profundamente reaccionaria de un país que era el paraíso de los trabajadores manuales blancos, que pertenecían a sindicatos, y que podían comprar una casa con un auto para darle la mejor calidad de vida a su familia. Ese mundo dejó de existir y nunca volverá.




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