Los analistas de sillón descalifican la voluntad del pueblo de Ucrania de ser libre. Para estos especialistas, esas ansias de libertad no explican la invasión ordenada por Vladimir Putin, sino que hay un millón de otras explicaciones, que van desde una guerra disimulada por el control del gas natural, una trampa que occidente le puso a Putin o una provocación que llegó a más porque la perspectiva de tener a la OTAN soplándole en la nuca, es la peor pesadilla de Putin.
Soy otro analista de sillón. A miles, decenas de miles, de kilómetros de Ucrania. Ese país europeo ahora le toca el rol de mecha para una Tercera Guerra Mundial. Todas las invasiones militares son crueles. No importa de qué poder se trate ni que Hollywood nos haya enseñado quiénes son los buenos y los malos.
Ucrania está pagando el pecado de Afganistán. La vergonzosa e intempestiva salida de Estados Unidos del país asiático, les abrió el tablero a Putin y a Xi Jinping. Los dos han salido corriendo a llenar ese vacío geopolítico.
A Ucrania le ha tocado pagar los platos rotos por el fracaso económico de Putin. Rusia es antes que nada un país exportador de petróleo, gas natural, aluminio, carbón y tecnología militar. Su producto interno bruto es del tamaño del de Canadá y apenas alcanzaría al de Texas. Ucrania es el país más pobre de Europa, pero es pobre por diseño, ya que después de la Segunda Guerra Mundial fue convertido en un gigantesco granero para la Unión Soviética.
Un dato que muchos no conocen es que Estados Unidos le vendía millones de toneladas de trigo a la Unión Soviética casi todos los años. Ucrania se suponía que mitigaría esto, pero las gigantescas granjas colectivas, de los valles ucranianos, nunca pudieron competir con las granjas familiares de Indiana o de Iowa. Por supuesto, falta la cuestión de Chernobil, el peor accidente nuclear de la historia, en el cual más de 600 mil personas fueron irradiadas en Ucrania en el año de 1986.
Polonia tiene un ingreso per cápita cinco veces mayor que el de Ucrania, a pesar de haber empezado su transición fuera de la “cortina de hierro”, casi al mismo tiempo. Polonia se occidentalizó y se metió en la Unión Europea. También lo hizo en la OTAN. Esta alianza militar fue establecida no sólo para enfrentar a la Unión Soviética, sino para evitar que los europeos se volvieran a matar entre sí en una guerra tonta.
La existencia de la OTAN les permitió a los países europeos tener institucionalidad, invertir en su desarrollo social y alcanzar grandes niveles de progreso. Ucrania no iba a ser miembro de la OTAN, porque los países europeos no querían comprar ese problema. Putin lo sabía, así que una posible membresía en la OTAN, no es la razón de la invasión de Ucrania.
Esta guerra no es sobre el gas natural, precisamente por este hidrocarburo es que no habrá Tercera Guerra Mundial.
Los países occidentales se quejarán de Putin y aplicarán algunas sanciones significativas a la élite rusa, pero no le van a cerrar el gas a Putin porque sin ese gas colapsa Europa, se dispararían los precios mundiales del petróleo, y los pueblos de la Unión Europea, junto al de Estados Unidos echarían de sus cargos a los políticos actualmente en gobierno.
Putin sabe que su gas natural, su petróleo, su aluminio y las otras materias primas que produce las necesita el mundo con urgencia. En cuanto a las sanciones financieras su acuerdo con China le permite obviar muchas de las molestias.
Putin al igual que Donald Trump, quiere que se desmorone la OTAN, la Unión Europea, la Organización Mundial de Comercio y si es posible todo el resto del sistema internacional. La principal carga para un imperio es que los costos de mantener sus dominios son cada vez mayores. Esto le pasó al reino de España, al Reino Unido, a la Unión Soviética y muchos esperan que le pase a Estados Unidos. Putin quiere acelerar esa transición agotando los recursos y la paciencia del pueblo estadounidense.
Ucrania está pagando la miopía de la posguerra fría, en la que los países occidentales se olvidaron de la historia exitosa del Plan Marshall y la creación de la OCDE, como claves para el desarrollo de Europa Occidental, después de 1945. Eso no pasó con la caída del muro de Berlín, ya que los países que habían sido del campo socialista fueron obligados, por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, a realizar corruptos procesos de privatización, que transfirieron sus recursos estratégicos a manos de mafias y de exfuncionarios que se aprovecharon de los gobiernos para enriquecerse. Así nacieron los oligarcas que apoyan a Putin y que se adueñaron del riquísimo patrimonio inmobiliario de Londres, Miami o París.
En el papel, Putin ganará una guerra en la que Ucrania no tiene nada que ver. Los militares rusos estarán ocupados gerenciando las operaciones militares y otros posibles proyectos bélicos, los que les dejarán sin tiempo ni recursos para llevar a cabo un golpe de Estado que mande a Putin al basurero de la historia. Recordemos lo que le pasó a la Unión Soviética a largo plazo, luego de las invasiones de Hungría en 1956, Checoslovaquia en 1968 y Afganistán en 1979. Los militares rusos están muy conscientes de esta historia.
Por su parte, el presidente Biden tiene que andar con sumo cuidado, ya que si la opinión pública estadounidense se harta de ver las matanzas y las atrocidades del ejército ruso en Ucrania, la presión para intervenir de alguna u otra forma será muy fuerte. Eso le pasó al entonces presidente Bill Clinton, en la década de 1990, con la guerra en la antigua Yugoslavia y las atrocidades que los serbios cometieron contra el pueblo Bosnio. En ese entonces, la opinión pública fue sumándose a la idea de una intervención por los horrores que veían a toda hora en sus televisores. Hoy, otro pueblo eslavo enfrenta una invasión bajo el pretexto de evitar su ingreso a la OTAN. Si los cálculos les fallan a los estrategas de las superpotencias, puede ser que las lágrimas de Ucrania sean el prólogo de muchas lágrimas en Moscú o en Washington.