En 1999, Lee Caroll y Jan Tober publicaron el libro Los niños índigo, que contaba las observaciones de Nancy Tappe, una mujer con sinestesia, un desorden mental en el que los sentidos se confunden unos con otros y se convierte en poder sentir olores y ver sonidos.
Tappe notó la aparición de una nueva clase de niño en la sociedad, que poseía temperamentos y atributos psicológicos distintos a los demás. A estos niños les veía alrededor un “aura” índigo. Por eso los denominó “niños índigo”.
Hoy, 10 años más tarde, el tema todavía genera debates. Unos dicen que estos niños son distintos a los de antes y, otros como Tappe, aseguran que representan un nuevo paso en la evolución del hombre.
“Supuestamente estos son niños con bases psicológicas distintas, pero si se analiza con detenimiento se puede ver que a todos entran en una o más de una clasificación psicológica ya existente”, explica el psiquiatra Denis Cardoze.
Según Cardoze, los niños índigo “no tienen ninguna base científica. Es más bien una hipótesis basada en observaciones de distintas personas en el mundo”.
La psicóloga Madelaine Vásquez tiene una opinión distinta. “No es que sean niños superdotados o con poderes mágicos, pero sí tienen destrezas mucho más desarrolladas y tienen habilidad para absorber información con mayor facilidad”.
No se sabe por qué, explica Vásquez, se presentan estos casos. Si son los genes o los comportamientos aprendidos en el hogar. “Yo creo que este cambio en la mente humana es producto de la diferencia en el ambiente que existe ahora y el que existía hace 50 años”.
El sociólogo Bolívar Franco explica que aunque los niños índigo sí existen, son una “rareza de la naturaleza”.
Y como son tan pocos, Franco asegura que los niños índigo no representan el siguiente paso en la evolución humana.