Quiero iniciar este espacio respondiendo desde la realidad de los datos y las oportunidades que debemos tomar, más allá del anhelo que todos tenemos por responder positivamente a esta pregunta. En la era de la información y el avance tecnológico, la educación se ha convertido en un aspecto fundamental para el desarrollo de los países. En este contexto, el acceso a la educación y la adquisición de conocimientos actualizados se han vuelto indispensables para el progreso económico, social y cultural de las naciones.
La rápida evolución tecnológica y la creciente interconexión global han generado un cambio significativo en la forma en que nos comunicamos, trabajamos y aprendemos. La información fluye a una velocidad impresionante y está disponible al alcance de nuestras manos. En Panamá, al igual que en otros lugares del mundo, es necesario replantear nuestras prácticas y buscar nuevas formas de enseñanza, desde nuevas metodologías hasta educación virtual. Sin embargo, para lograr este cambio, es fundamental que los tomadores de decisiones comprendan la importancia de la innovación y estén dispuestos a implementarla.
Ahora bien, la innovación educativa no puede ser vista como una “moda” o una “tendencia superficial”; por el contrario, es un proceso continuo que implica un cambio de mentalidad y una transformación profunda de las Instituciones y de las prácticas educativas. Estamos llamados a mejorar el acceso al conocimiento, intensificar el aprendizaje y fortalecer la proximidad y las relaciones entre estudiantes de diferentes contextos y territorios.
¿Cómo lograrlo? Es necesario que los líderes educativos estén actualizados, aprendiendo de las mejores experiencias a nivel internacional y especialmente entendiendo los modelos y propuestas tecnológicas que están emergiendo, para vislumbrar cómo estas impactarán sus Instituciones; esto último es lo que realmente los dispondrá a generar cambios significativos en el sistema educativo panameño.
También es muy importante que la conversación sobre la innovación en la educación se dé en diferentes ámbitos, no solo en el académico, sino también sincerar estos cambios en el gobierno y en el sector productivo, todos estos actores tienen un rol importante en el proceso de transformación educativa y deben trabajar en conjunto para lograr resultados efectivos que nos irán beneficiando a corto, mediano y largo plazo.
No podemos esperar a un “mesías” que solucione de manera mágica todos los problemas de la educación. La responsabilidad y la oportunidad recae sobre todos los actores que son parte del ecosistema, quienes toman decisiones todos los días y enmarcaran la ruta de hacia dónde vamos. Hoy nuestro estudiante está esperando este cambio y encontrar formas diferentes de aprender, de interactuar, tecnología e inteligencia artificial, que se asemeje a su vida diaria en los otros ámbitos.
En Panamá se han realizado esfuerzos para promover la innovación y la educación de calidad. También se han creado espacios para compartir información y experiencias que ayudan a los tomadores de decisiones a mejorar sus instituciones.
Estos espacios han arrojado datos estadísticos que corroboran aspectos como la falta de claridad del concepto transformación digital aplicado en las Instituciones, ausencia de datos para la toma de decisiones, necesidad de información relacionada a la tecnología y el interés en los actores del sistema que generan espacios explicados de forma sencilla y especialmente enfocados en el cómo los llevo a mi contexto.
Esto debe ir acompañado de líderes educativos enfocados en gestión eficiente y resultados tangibles que lleven a la trasformación constante, porque no podemos perder de vista que lo que hoy es innovación ya mañana hará parte de la historia.
El cambio educativo no solo implica transformar los contenidos y métodos de enseñanza, sino también generar cambios conductuales en las personas involucradas en el proceso educativo. Es necesario fomentar la creación de comunidades de aprendizaje que compartan conocimientos y avancen de manera conjunta en la implementación de nuevas prácticas educativas y embeber a todos en constante diálogo con los avances científicos, tecnológicos y sociales, para avanzar en espacios de inmersión, aprendizaje y corrección que son perfectamente viables y oportunos en espacios de innovación.
Quisiera cerrar con una premisa que para mí se ha convertido en pilar de acción en los últimos años y es que la innovación en la educación es factible, pero requiere de un compromiso real por parte de los tomadores de decisiones. Es necesario que se informen, se preparen y estén dispuestos a implementar cambios reales en el sistema educativo. Mi llamado hoy es a que veamos la transformación educativa como una inversión a mediano plazo para el futuro del país, y la innovación es la clave para lograr una educación de calidad que forme ciudadanos competentes y preparados para los retos del siglo XXI.