Bajo un día de cielos azules y nubes blancas, las lágrimas se le salían a las miles de personas que se congregaron en la Zona Cero –donde estuvieron las torres gemelas– para recordar, homenajear o simplemente orar por quienes allí fallecieron el 11 de septiembre de hace tres años.
Para los hijos, esposos, padres y abuelos del 9/11, hubo un sitio especial; solo ellos pudieron entrar a pleno "Ground Zero", donde se congregaron para leer los nombres de sus seres queridos que allí fallecieron, ya sea porque laboraban en las torres gemelas, se encontraban en los aviones de American Airlines que contra estas se estrellaron o eran bomberos que ayudaban en la labor de rescate.
Los demás mirábamos a través de una cerca en Liberty Street y Broadway Avenue, justo al hueco donde antes estuvieron ubicadas las dos torres más altas de Manhattan.
Desde las 6:00 a.m. iniciaron las actividades, con una misa en la iglesia de Saint Paul, casi en frente de lo que ahora es un gran pedazo de cemento.
A las 8:00 a.m. ya se habían congregado miles de personas en los alrededores, donde se colocaron estratégicamente bocinas para que todos pudieran escuchar la ceremonia. Coros de colegios e iglesias cantaban "America The Beautiful" y "Amazing Grace", lo que daba fondo a "tres gatos" – literalmente tres– que protestaban por la manera cómo se ha manejado la situación terrorista actual y la guerra en Irak. Más de una discusión surgió entre los que protestaban y los que iban a recordar, hasta que la policía intervino y les pidió que, si iban a protestar, lo hicieran pacíficamente. Y así fue. A las 8:46 en punto sonaron campanadas; luego el himno de Estados Unidos, "The Star Spangled Banner". Un minuto de silencio por los caídos, por aquellos familiares, tíos, sobrinos, abuelos, amigos o conocidos. Las lágrimas comenzaron a derramarse entre los asistentes. En orden alfabético se inició la lectura de los nombres, uno a uno, de voces quebrantadas de padres que perdieron a algún hijo en la tragedia. Detrás de la cerca, niños veían anonadados a su alrededor; colocaban flores en la estructura de metal gris, como para sentir el lugar donde fallecieron sus seres queridos. Adultos lloraban con niños, muchos intentando disimular con anteojos oscuros. Fotógrafos filmaban, y los policías de Nueva York se paraban, sombríos, a intentar hacer su trabajo de cuidar a todos los asistentes.
En la "B", dejan de leer nombres. Nuevamente campanadas. Recuerdan que el segundo avión se estrelló a esa hora. Más lágrimas. Más padres y abuelos recordando, consolándose con pasajes de la Biblia.
Y lo que para muchos era un día soleado de Nueva York, se convirtió en una niebla de recuerdos, de memorias. Y así toda la ceremonia, nombre por nombre, persona por persona. Un tercer aniversario que pocos olvidarán.