Carlos Chico Heron tenía el ojo fino para escoger a peloteros que después se convertirían en grandes ligas. De hecho, se le considera en Panamá como el cazatalentos con más firmas en la pelota organizada.
Heron murió en 2007 y a sus honras fúnebres asistió Mariano Rivera, uno de los seis jugadores a los que le dio el empujón para llegar a las mayores.
Los otros fueron Ramiro Mendoza, Rubén Rivera, Fernando Seguignol, Rafael Medina y Manuel Acosta.
Todos estos peloteros fueron vistos por Heron, quien era un cazatalentos de los Yankees. De ellos, Medina subió con los Marlins, y Acosta, con Atlanta.
Su hijo, Carlos, también un cazatalentos, elogió el tino que tenía su padre para firmar nuevas promesas para las Grandes Ligas.
Carlos asegura que su padre ha sido el buscador más exitoso en Panamá.
Ricardo, su hermano, también sabe de los jugadores que firmó su padre y guarda una estrecha relación con Rivera.
Ayer, Ricardo viajó a Nueva York para estar presente en el anuncio que se hizo para que Rivera entrara al Salón de la Fama, el próximo 21 de julio en Cooperstown, Estados Unidos.
Los hijos de Heron dieron su verdad sobre los comienzos del estelar cerrador de los Yankees, que terminó su carrera con 19 temporadas y récord de salvamentos, con 652.
Los Heron no están de acuerdo con la historia que se cuenta de cómo fue la firma del ahora ganador de cinco series mundiales con los Yankees.
Ellos destacan que Mariano había sido observado por su padre en otras posiciones, sin mucha suerte, y que la firma no fue tan rápida como se ha escrito.
Primero, Rivera pasó la prueba como lanzador en un tryout en 1990, y después el 13 veces todo estrellas tuvo que pasar un mes y medio practicando en el estadio Juan Demóstenes Arosemena, antes de ser firmado.
“Fue entonces cuando mi padre llamó a Herbert Raybourn, su supervisor. Él vino a Panamá dos días después, como en abril”, comentó Ricardo, quien agregó que Rivera fue firmado por 2 mil dólares y que el cerrador fue directo a las ligas menores de Estados Unidos.