El presidente electo de México quiere acercar los ingresos generados por el turismo a zonas remotas y olvidadas del país, pero algunos se echan las manos a la cabeza ante su principal propuesta: construir un tren de $3 mil 200 millones, desde el balneario de Cancún a las ruinas mayas de Palenque, a 830 kilómetros, a través de la península de Yucatán.
La ruta está salpicada de selva baja, reservas de vida salvaje, sitios arqueológicos prehispánicos, humedales y ríos submarinos que podrían ceder sin previo aviso.
La construcción podría demorarse años y absorber los escasos fondos para llegar a lugares como las ruinas de Calakmul, que ahora reciben 35 mil visitantes anuales, los mismos que llegan a sitios más populares como Chichén Itzá en una semana. Para quienes les gusta el plan de Andrés Manuel López Obrador, es más una cuestión de sacar a gente de la castigada ruta turística Cancún-Riviera Maya -Chichén Itzá-Xcaret.
Según Vicente Ferreyra, de la empresa Sustentur, con sede en Cancún, hoy en día los visitantes prefieren proyectos turísticos que estén más en contacto con la naturaleza y muestran cada vez menos interés en la costa en detrimento de la jungla.