Es poco usual ver compañías que mueren por cambiar demasiado rápido, pero a menudo vemos a organizaciones fracasar por ser reacias al cambio. Existen incontables ejemplos de compañías que se quedaron atrás. Tal es el caso de Blockbuster, que en 2000 rechazó la propuesta para asociarse con una empresa endeudada que ofrecía DVDs por catálogo en línea y los enviaba por correo, era Netflix.
Todo cambia, y la capacidad de navegar y reaccionar en un entorno de negocios cada vez más dinámico no es opcional. La transformación digital es un vehículo muy potente para facilitar este proceso. Las compañías minoristas pueden invertir en un plan de transformación digital de cuatro pasos:
a. Transformar la jornada del cliente: Con la ayuda de un abordaje basado en formas de trabajo ágil y nuevas tecnologías, es posible repensar las jornadas de cliente de principio a fin para hacerlas cada vez más fluidas y satisfactorias. Este tipo de transformación requiere de diagnósticos y mapeos claros del recorrido completo que experimentan los usuarios.
b. Transformar el servicio al cliente: Los clientes interactúan con marcas y negocios a través de múltiples canales. Aproximadamente 75% de usuarios visitan más de un canal para recopilar información
c. Invertir en analítica avanzada: La información es el nuevo petróleo y, en esta área, el potencial es gigantesco. El uso de analítica avanzada (AA) y modelos predictivos permiten desbloquear valor en una serie de puntos críticos
d. Invertir en la transformación ágil de la compañía: Una transformación ágil soporta la instauración de equipos multidisciplinarios y ciclos de trabajo iterativos, permitiendo reducir los tiempos de salida al mercado hasta en 40%.
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