"Todo lo que está pasando nos indica que debemos abocarnos hacia profundas reformas del sistema de justicia", declaró el presidente de la República, Martín Torrijos, durante una breve conferencia de prensa que realizó en Boquete, provincia de Chiriquí, donde se encontraba entregando títulos de tierra a campesinos.
El Presidente rompió así el silencio que venía manteniendo sobre la guerra de la Corte, un escándalo que tiene en vilo a la sociedad panameña. De hecho, varias organizaciones civiles pidieron la renuncia de todos los magistrados.
Sin embargo, tras la tranquilidad del Presidente –dicen sus hombres de confianza– se escondería un sentimiento de indignación. Tan es así que hasta habría mandado dos emisarios para pedirles a los magistrados en armas que bajaran el nivel de confrontación.
Luego de las explosivas declaraciones que hizo el magistrado Adán Arjona –acusó a sus colegas Arturo Hoyos, Aníbal Salas y Winston Spadafora de haber favorecido con sus fallos a personas ligadas al narcotráfico–, los cimientos de la institucionalidad parecieron temblar.
La procuradora general de la Nación, Ana Gómez, le envió una carta al presidente de la Asamblea en la que lo instaba a invitar al magistrado Arjona a presentar una denuncia formal que le permitiera a la Comisión de Credenciales del poder legislativo iniciar una investigación.
De esta forma Gómez –que no tiene facultades para intervenir en este conflicto– logró comprometer a la Asamblea, el único órgano habilitado para investigar a los magistrados de la Corte.
José Troyano, presidente del máximo tribunal, desestimó la evaluación de la Procuradora. "Los hechos que expuso Arjona no constituyen delito", analizó.
Hubo también una noticia que llegó desde Colombia y aumentó la temperatura política. Lorena Henao Montoya –hermana del capo narco Arcángel Henao– fue condenada ayer a cuatro años de prisión por sobornar a magistrados de ese país. Henao –según denunció Arjona– había sido detenida en Panamá y liberada luego de que la Corte falló a su favor.
(Colaboraron José Otero y Sandra Rivera).
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