Nos vuelven a sorprender los políticos panameños tratando de limpiar su imagen con otra campaña publicitaria. Y el turno es ahora de los que aparentemente más lo necesitan, pues casi la mitad de los panameños considera que la Corte Suprema de Justicia es absolutamente corrupta, según la encuesta de Dichter & Neira publicada en septiembre pasado. Para completar el panorama de la vergüenza nacional, esa misma encuesta revela que 65.4% de los panameños califica ese órgano del Estado con niveles de corrupción de 4 y 5 puntos en una escala de 1 a 5.
Pero la sorpresa es extrema cuando nos dicen los interesados que la solución es una campaña de publicidad, como si el problema lo tuviéramos nosotros los ciudadanos, y no ellos. Somos entonces los panameños los que no hemos entendido su desinteresado servicio a la patria y su loable integridad. Somos los panameños los que debemos informarnos bien de la eficaz ejecutoria de la Corte. Somos nosotros los equivocados y, por eso, la solución es sacarnos del error con una campaña publicitaria que nosotros mismos pagamos. ¡Qué desatino!
En la página web del Órgano Judicial dice el presidente encargado de la Corte, José A. Troyano, que "la percepción ciudadana sobre la administración de justicia es inexacta… y que la campaña tiene como finalidad informar a la ciudadanía sobre la delicada labor de administrar justicia". Sin duda la labor es delicada. Pero hablar de "percepción inexacta" es un eufemismo que raya en el ridículo. ¿Creerá realmente el señor magistrado que la percepción ciudadana es inexacta por culpa de los mismos ciudadanos? ¿Creerá realmente que los señores magistrados no nos han dado motivos suficientes para tener esa percepción? Una Corte Suprema de Justicia no puede ser mejor que los magistrados que la integran.
La comunicación debe ser una herramienta para que el servidor público cumpla mejor su tarea. Por eso no negamos la conveniencia de utilizarla para mejorar la eficiencia de su trabajo y para instruir a los ciudadanos. También la transparencia supone una dosis de información gubernamental, y todos estos usos de la publicidad son realmente legítimos. Dice textualmente la web del Órgano Judicial: "Entre los temas de la campaña están los logros alcanzados: la Actualización del sitio de internet…, la inauguración de nuevas dependencias judiciales… y la presentación del proyecto de ley de la justicia sin papel; entre otros".
Lamentablemente todo eso suena a propaganda, a maquillaje para rescatar su desmejorada imagen, cuando lo que necesitamos es atacar a fondo el verdadero problema. Adicionalmente, este uso de la publicidad por parte de la Corte es claramente cuestionable, pues fondos públicos se estarían usando para salvar su golpeada reputación y no para beneficio directo de los panameños que exigen más bien adecentar su sistema judicial.
La empresa Genios Publicidad –seleccionada para el trabajo– tiene por delante una misión casi imposible: una buena campaña publicitaria para un mal producto. Y en este caso es tan malo el producto que las posibilidades de fracaso son altas en extremo.
Las campañas publicitarias de nuestros gobernantes nos han otorgado un sano escepticismo: de entrada dudamos de sus mensajes si estos no se encuentran avalados con los hechos. Y la decisión de mayor relevancia de esta campaña publicitaria la tiene en sus manos en este momento no la empresa publicitaria, sino el señor Presidente de la República, designando como magistrados a dos profesionales independientes, panameños acreditados por su trayectoria de competencia profesional y sobre todo por su integridad moral.
Probidad, más que publicidad, es lo que necesitamos.