No admite, hoy en día, ninguna discusión el importante papel de la empresa privada. Ella es imperiosamente necesaria en el desarrollo económico de cada país. Pero, así como existen empresarios honestos y responsables, también los hay cínicamente deshonestos y cruelmente irresponsables. Ejemplo de los primeros está reflejado en las experiencias recientes de las prestigiosas compañías farmacéuticas Merck y Pfizer.
Ambas desarrollaron y promovieron el uso de productos para aliviar el dolor, procurando, además, reducir los efectos secundarios de irritación gástrica. Ambas, desafortunadamente, se encontraron con que sus medicamentos, Viox y Celebrex, respectivamente, mostraron desarrollar efectos secundarios adversos a la salud, al extremo de producir muertes por complicaciones cardiovasculares. Ambas compañías, de inmediato, retiraron del mercado sus productos, hasta ese momento estrellas de ventas y beneficios. Ambas dejaron de obtener ganancias del orden de billones de dólares y sus respectivas acciones sufrieron significativas pérdidas en el mercado accionario. Pero ambas, igualmente, supieron anteponer el respeto por la salud y la vida del prójimo, a quienes sirven, sobre el beneficio económico de ellos, tal como lo debe hacer todo empresario responsable.
El contraste entre Merck y Pfizer y las compañías tabacaleras es abismal. Contundentemente positivo y elocuente, a favor de los primeros. Indefendible, desde todo punto de vista, para los segundos. Ahora, los ojos de los panameños, en particular y de los ciudadanos a nivel mundial, están centrados en la actitud legislativa de sus respectivos gobiernos.
Los nocivos efectos del tabaco sobre el sistema respiratorio, el cardiovascular y el efecto carcinógeno de varios de los productos derivados de la combustión del mismo, se encuentran, desde hace décadas, perfectamente demostrados. Miles de millones de personas mueren en el mundo como consecuencia de esta adicción. Cientos de miles de millones padecen de enfermedades crónicas, secundarias al tabaquismo y deben ser atendidas con regularidad en los centros de salud. Millones dehoras/hombre se pierden laboralmente por sus graves efectos sobre la salud. Los gastos que en materia de atención médica tienen que realizar los centros sanitarios son cinco veces mayores que los fondos que en materia de impuestos recogen los gobiernos, hipnotizados por el aporte, que impresiona significativo, a sus correspondientes arcas.
En Panamá, distintas entidades no gubernamentales, enfrascadas hace más de quince años en una tarea de prevención de enfermedades crónicas, vieron complacidas el nacimiento de la Ley Marco Contra el Tabaco, impulsada por la Organización Mundial de la Salud y su adhesión al mismo por nuestro gobierno. Panamá dio un paso de liderazgo y fue el primer país centroamericano y del Caribe y el tercero en toda Latinoamérica en firmar dicho convenio.
A la actual administración gubernamental, pero sobre todo a la Cámara Legislativa, le cabe la grandísima responsabilidad de sobreponerse a la inmensa presión de los grupos empresariales que se benefician de la comercialización del tabaco y que tratan de impedir la regulación en su venta, el no permitir fumadores en sitios cerrados, públicos o privados, así como la no venta a menores de edad.
En ese sentido, hoy la prensa escrita nos brinda esperanzas al anunciar la determinación del Ministerio de Salud por concluir, en el próximo mes de octubre, la reglamentación que de vigencia a la ley que protege a la mayoritaria ciudadanía no fumadora.
La prueba de fuego es ahora para el Poder Legislativo en nuestro país, tan severamente cuestionado por su errático y muchas veces negativo accionar. Tiene la oportunidad dorada de demostrar un cambio radical, positivo, en defensa legal, a fondo, de sus conciudadanos. Y, el Ministerio de Salud y las organizaciones no gubernamentales como la Asociación Nacional Contra el Cáncer, la Fundación Antitabáquica, la Fundación Cardiológica de Panamá, la Asociación Panameña de Diabéticos, la Asociación contra la Osteoporosis, entre muchas otras, merecen el reconocimiento de la ciudadanía por su silenciosa, infatigable, sostenida y prolongada lucha en contra de una de las más sutiles y más destructiva de las adicciones.
El autor es doctor