Fiebre alta, tos seca, secreción nasal acuosa y conjuntivitis. Me atrevo a decir que, al leer estas palabras, todos nosotros nos podemos identificar con haber tenido estos síntomas alguna vez. En general, estos síntomas pueden ser indicativos de un resfriado común. Sin embargo, si se presentan estos síntomas en conjunto con manchas blancas dentro de la boca, y un sarpullido, es probable que estemos lidiando con algo más grave que un simple cuadro viral: el sarampión.
El sarampión es una infección viral, que aparece a cualquier edad, pero puede ser especialmente peligroso en niños menores de 5 años. Se caracteriza por comenzar con los síntomas anteriormente mencionados. Luego de tres a cinco días, aparece el sarpullido, que generalmente empieza como puntos rojos y planos en la cara y se extiende hacia el cuello, el tronco, los brazos, las piernas y los pies. La enfermedad es muy contagiosa si no se cuenta con una inmunización previa por medio de vacunas.
A principios de 1960, antes de tener disponible la vacuna contra el sarampión, alrededor del 90% de la población mundial padecía esta enfermedad antes de cumplir los 20 años de vida. Se estima que el sarampión causaba 2.6 millones de muertes anuales en todo el mundo. Gracias a la protección que ofrecen las vacunas, las muertes por sarampión se redujeron a 145,700 anuales, que representa un descenso de aproximadamente el 80%, según registros de 2017.
Sin embargo, en los últimos años, el miedo que tienen algunos padres de vacunar a sus hijos en combinación con la existencia de comunidades no vacunadas y las limitaciones de acceso a las vacunas amenazan con revertir estos avances en algunos lugares del planeta.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, desde el 1 de enero al 31 de octubre de 2019 se notificaron 11,487 casos confirmados de sarampión en la región de las Américas: Argentina (38 casos), Bahamas (2 casos), Brasil (9,304 casos), Canadá (112 casos), Chile (10 casos), Colombia (212 casos), Costa Rica (10 casos), Cuba (1 caso), Curazao (1 caso), Estados Unidos de América (1,250 casos), México (16 casos ), Perú (2 casos), Uruguay (9 casos) y la República Bolivariana de Venezuela (520 casos). En 2018, la mayor proporción de casos confirmados de la región se registró en Brasil y Venezuela, mientras que, en 2019, la mayoría de los casos confirmados proviene de Brasil (81%) y Estados Unidos (11%).
No es una novedad que el sarampión es mucho más que una erupción cutánea y que puede causar graves complicaciones e incluso la muerte. Sin embargo, estudios recientes demuestran evidencia científica que indica que el sarampión debilita el sistema inmunológico, y genera una especie de “amnesia” que deja el organismo más vulnerable a sufrir otro tipo de infecciones por virus y bacterias durante meses o incluso años después de haberlas padecido.
Los investigadores de un estudio publicado en la revista Science encontraron que, dos meses después de la infección por sarampión, la enfermedad había eliminado entre el 11% y el 73% del total de anticuerpos de los niños, con una reducción severa de la memoria inmunitaria. Según los autores, aunque es posible que el repertorio de anticuerpos se reconstruya, el proceso puede durar meses o incluso años, con el consiguiente riesgo para la salud.
Por otro lado, un estudio publicado en la revista Science Inmunology revela que la infección puede “paralizar” la inmunidad contra virus y bacterias a largo plazo, lo que daría lugar a una “amnesia inmunológica” que haría a los individuos más vulnerables frente a futuras infecciones, incluso frente a virus y bacterias con las que ya se ha tenido contacto. En otras palabras, el efecto es como un retroceso de salud; enfermedades ya padecidas, ante las cuales el cuerpo ya estaba protegido, pueden volver a presentarse como una amenaza.
Estos estudios demuestran que el sarampión genera una especie de reajuste del sistema inmunitario humano y lo devuelve a un estado similar al de un bebé inmaduro, con una capacidad limitada para responder a infecciones. Estos datos tienen grandes implicaciones para la salud pública, ya que demuestran que la vacunación contra el sarampión no solo protege contra este virus, sino también contra otras enfermedades.
El virus del sarampión es mucho más malo de lo que pensábamos; no solo puede causar graves complicaciones o la muerte, sino que puede dejar a nuestros hijos vulnerables a sufrir otras infecciones, incluso algunas contra las que ya tenían defensas, como gripe, difteria, tétanos o tuberculosis.
Como padres, estamos llamados a ser muy precavidos y estar alerta sobre la salud de nuestros hijos, en especial cuando de enfermedades virales contagiosas como el sarampión se trata. Como podemos ver, la amenaza del sarampión no yace simplemente en los síntomas de la enfermedad en sí, pero en todas las complicaciones que la misma puede causar. ¡Protege a tus hijos contra el sarampión y otras enfermedades a través de la vacunación!
La autora es pediatra