Existe gran confusión en la sociedad sobre la terminología empleada en salud pública y en epidemiología infecciosa para referirse a la mortalidad y letalidad provocadas por la Covid-19. Considero importante aclarar estos conceptos para que el público pueda cuestionar, criticar o colaborar a su antojo, pero al menos con conocimiento.
Al hablar de la tasa de mortalidad, nos referimos a la proporción de fallecimientos en un periodo concreto y para un tamaño escogido de población. Esta cifra se expresa usualmente como el número de muertes por cada mil, diez mil, cien mil o un millón de habitantes. El valor se puede calcular con base en solo una causa de muerte (mortalidad específica) o en todas las causas (mortalidad general). En Panamá, por ejemplo, la tasa específica para la Covid-19 en los 2 primeros meses de pandemia fue de 6 por 100 mil habitantes, mientras que la tasa general por cualquier causa se ha mantenido alrededor de 500 por 100 mil cada año (unos 55 decesos por día) durante el último lustro.
Como esta última casuística ha permanecido bastante estable en épocas recientes, una manera indirecta de estimar la contribución de la Covid a la tasa general es a través del cálculo del exceso de mortalidad en relación a la cifra típica mensual de cada país. Esta corrección permitiría subsanar los subregistros de defunciones que no son atribuidos a la pandemia (por deficiencias en captación, notificación y diagnóstico o por ocultamiento deliberado de muertes) y que dificultan las comparaciones geográficas.
Debido a que las características demográficas varian entre naciones, las tasas se deben ponderar según el grosor de cada franja etaria. En Panamá, 35% de la población es menor de 20 años de edad, 10% mayor de 60 años y 2% mayor de 80 años, proporciones muy diferentes a las de países europeos o asiáticos. Nuestra tasa ponderada para Covid ha sido, hasta ahora, 0.07 x 100 mil para menores de 20 años y 2.85 x 100 mil para el grupo de 60-79 años de edad.
Pese a que esta tasa de mortalidad parece fácil de establecer desde una perspectiva estadística, clínicamente no es un cálculo tan sencillo. Como Covid tiene más severidad en adultos mayores y en individuos con comorbilidades de riesgo, en el certificado de defunción muchas veces se escribe la dolencia que influyó decisivamente en la muerte, algo que deja en el aire la pregunta de si el paciente murió por la infección o con la infección.
Al hablar de la tasa de letalidad, nos referimos al cociente de personas fallecidas entre las infectadas por una enfermedad determinada y ese resultado se suele multiplicar por 100 para mostrarlo en porcentaje. Esta cifra usualmente se calcula tanto para la cantidad de sujetos contagiados como para los diagnosticados. Mucha gente se queda sin diagnóstico porque no tuvo síntomas o solo síntomas leves y no fue contada por el sistema sanitario (falta de notificación y muestreo o escasez de pruebas de detección). Panamá registra una letalidad en casos detectados del 2.9%, muy por debajo de la media mundial (6.7%) o del continente (6%), aunque conviene aclarar que la velocidad en que aumentan las muertes es más lenta de la que ocurre en los casos nuevos. Para conocer la tasa en casos infectados, se requeriría hacer análisis de sangre en un sector representativo de la población (seroprevalencia poblacional), a fin de descubrir la presencia de anticuerpos. Estimaciones epidemiológicas internacionales sugieren una letalidad real del 0.3%-0.6% (al menos 3 veces mayor que para influenza). Para fines científicos, no obstante, la letalidad más precisa solo será posible calcularla al final de la pandemia.
Ya se han realizado estudios preliminares de seroprevalencia en varias ciudades de Estados Unidos, Alemania, Italia, España, Francia, Suiza, Islandia y Australia. En general, y dependiendo de la semana analizada, las cifras oscilan entre 1% y 15%, correlacionándose fielmente con la situación epidemiológica del momento en esos lugares. En promedio, por cada caso detectado, hay 10-20 casos sin detectar.
Extrapolando estos datos a Panamá, es posible que tengamos actualmente de 90 mil a 180 mil infectados, cifra que representaría 2%-4% de nuestra población. Por tanto, llegar al umbral para inmunidad de rebaño (60%-70%), con las medidas de mitigación en marcha, nos tomaría quizás todo 2020 y 2021. El advenimiento de terapias y vacunas efectivas cambiaría para bien este escenario. Estamos a merced del virus, pero solo la ciencia nos puede sacar de la manera menos traumática posible. No dejemos que el miedo nos supere. Seamos responsables, pero optimistas. No hay más opciones, por ahora…
El autor es médico