Aunque todos sabemos muchísimo más del virus SARS-CoV-2 y de la enfermedad Covid-19 que a principios de la pandemia, aún quedan numerosas incertidumbres por descifrar.
La considerable evidencia científica generada a lo largo del año ha tenido que ser validada o reproducida por diferentes investigadores antes de ser aceptada y puesta en práctica globalmente. Hago una breve actualización sobre algunas novedades recientemente divulgadas para beneficio público.
Más de 100 mil genomas virales han sido analizados por laboratorios de investigación en el mundo. Se ha detectado una plétora de mutaciones puntuales durante los primeros nueve meses, pero solo dos traducen relevancia. A principios del año se identificó en Singapur una variante que carecía de 382 nucleótidos y que confería menor severidad a las personas infectadas; esta cepa, no obstante, dejó de circular en el país asiático y no ha sido confirmada en ningún otro lugar. Otra variante, que sustituye el aminoácido aspartato por glicina en la posición 614 de la glicoproteína de la espícula, se ha ido tornando muy frecuente y constituye ahora más prevaleciente en Estados Unidos y Europa. Algunos estudios indican que esta mutación se asocia a mayor transmisibilidad del virus, algo que podría explicar los significativos repuntes en las cifras de contagio en varias regiones. El Instituto Gorgas había corroborado la presencia de la cepa D614G en el 30% de los genomas secuenciados hasta junio.
Pese a que la infección tiende a ser menos común y sintomática en niños que en adultos, la evidencia acumulada indica que entre 2% y 5% de la población pediátrica padece una forma grave de la enfermedad, especialmente cuando hay una comorbilidad de fondo. Se ha podido demostrar, además, la ocurrencia de un síndrome multisistémico inflamatorio (PIMS) en niños que han padecido Covid-19 semanas atrás y que se asocia a considerable morbilidad y a una mortalidad no despreciable. Más de una veintena de estos casos han sido diagnosticados en Panamá, con dos desafortunados fallecimientos. En mujeres embarazadas, la enfermedad no parece ser de magnitud diferente a la experimentada por no gestantes de similar edad, aunque algunos reportes sugieren superior severidad. Los bebés usualmente no se infectan o padecen formas asintomáticas y leves. La transmisión del virus en útero o a través de la lactancia es inexistente o muy rara.
El uso rutinario de la mascarilla forma ahora parte de las recomendaciones en países occidentales después de la verificación de transmisión del virus en la fase presintomática de la infección, incluso al hablar. La masificación de esta estrategia podría haber propiciado que las personas se expongan a una menor carga viral y quizás al desarrollo de una enfermedad más leve de la que se observó inicialmente. Investigadores en física han podido demostrar la expulsión de gotas respiratorias diminutas, conteniendo partículas virales, más allá de los 2 metros de distancia. El contagio por estos aerosoles sería quizás posible en ambientes cerrados y poco ventilados. La persona con Covid-19 no parece contagiar a otros después del día 10 del inicio de su infección, aunque en casos graves o en pacientes inmunosuprimidos este tiempo podría extenderse por algunos días más.
Aparte de las pruebas de PCR o de antígeno viral mediante hisopados, ahora contamos con técnicas menos incómodas que usan la saliva para diagnóstico. Esta metodología está por ser aprobada en nuestro país.
El tratamiento con dexametasona y remdesivir es lo único que ha mostrado beneficio en ensayos clínicos aleatorizados y controlados. El favipiravir, empleado en India y Rusia, todavía no cuenta con datos científicos verificables. La eficacia del plasma convaleciente es aún muy dudosa, aunque la administración temprana con títulos elevados de anticuerpos neutralizantes parece asociarse con una recuperación acelerada de los pacientes. La elaboración de anticuerpos monoclonales específicos seguramente reemplazará a la transfusión en el futuro cercano. No se ha comprobado la utilidad de ningún otro medicamento en Covid-19 leve, por lo que las guías de sociedades científicas internacionales de prestigio no recomiendan ninguna terapia para la enfermedad ambulatoria.
La fabricación de vacunas ha transitado un ritmo frenético. Más de 40 vacunas están siendo estudiadas en este momento en seres humanos y otras 200 son evaluadas en animales. Los datos preliminares en primates y en fases clínicas 1-2 revelan inducción de anticuerpos neutralizantes, siendo algo mayor con vacunas basadas en proteína recombinante, intermedia con las de tecnología de mRNA o vector de adenovirus y menor con las de plataforma de coronavirus inactivado. En términos de seguridad, la reactogenicidad ha sido algo menor con vacunas inactivadas o proteicas, intermedia con las de mRNA y mayor con las de vectores de adenovirus.
El aprendizaje sobre Covid-19 ha sido extraordinario en corto tiempo. La desinformación también abunda, usualmente promovida por influencers o fanáticos de Dunning y Kruger. Más de 30 mil artículos científicos han sido publicados en apenas 9 meses. Los médicos no podemos darnos el lujo de descansar y parar de estudiar en fuentes fiables, porque corremos el riesgo de quedar en la obsolescencia rápidamente o ser presa de embaucadores carentes de pensamiento crítico.
El autor es médico