A casi dos años del inicio de la pandemia de la Covid-19, es evidente que nuestras vidas se han visto afectadas por las medidas de contención y prevención de contagios. Lo que quizá ha sido un poco más difícil de percibir es el alcance y profundidad de las afectaciones que estas medidas han tenido en los niños. Entre la escolarización a distancia, la cancelación de actividades extracurriculares y de los encuentros para jugar con amigos, sus rutinas se vieron profundamente afectadas.
Estoy convencida de que, aún sin dejar de lado todas las medidas de prevención contra contagios, la vacunación es la única herramienta que nos puede ayudar a que retomemos con tranquilidad la vida a la que estábamos acostumbrados y a que poco a poco los niños recuperen sus rutinas.
Sabiendo que hay muchos padres con dudas respecto a la vacuna contra la Covid-19 en niños, quiero compartirles una cronología de los hechos y asegurarles que los ensayos para la vacuna pediátrica han sido tan o más rigurosos que los de población adulta.
En mayo de 2021, la FDA de Estados Unidos autorizó el uso de emergencia de la vacuna ARNm de Pfizer-BioNTech contra Covid-19 para adolescentes de 12 a 15 años de edad. Un informe de los CDC de Estados Unidos, publicado en octubre de 2021, mostró que los jóvenes de 12 a 18 años que habían recibido dos dosis de la vacuna Pfizer tenían un 93% menos probabilidades de ser hospitalizados por Covid-19 que los que no estaban vacunados.
El 29 de octubre de 2021, la FDA autorizó el uso de la vacuna Pfizer-BioNTech contra la Covid-19 en niños de entre 5 y 11 años. El 2 de noviembre de 2021, el Comité Asesor de Prácticas de Inmunización (ACIP) de los CDC respaldó dicha recomendación. Los niños de 5 a 11 años necesitan dos dosis de la vacuna, con un intervalo de tres semanas entre ellas, pero recibirán una dosis de 10 microgramos, más baja que la de 30 microgramos que reciben las personas mayores de 12 años. Los datos de la eficacia que respaldan esta autorización de la FDA se basan en un estudio aleatorizado, controlado con placebo, que incluye aproximadamente a 4,700 niños de 5 a 11 años. Se compararon las infecciones por Covid-19 en los grupos de estudio, encontrando que la vacuna Pfizer es 90.7% efectiva para proteger contra la infección por la Covid-19, en comparación con el placebo.
Los datos de seguridad que respaldan la autorización de la FDA se basan en un ensayo, en el que se realizó seguimiento a un total de 1,444 receptores de la vacuna durante, al menos, dos meses después de la segunda dosis. Los efectos secundarios comúnmente notificados incluyeron: dolor, enrojecimiento e hinchazón en el lugar de la inyección, fatiga, dolor de cabeza, muscular y/o articular, escalofríos, fiebre, inflamación de los ganglios linfáticos, náuseas y disminución del apetito. Más niños informaron de efectos secundarios después de la segunda dosis que después de la primera dosis. Los efectos secundarios fueron generalmente de leves a moderados, ocurrieron dentro de los dos días posteriores a la vacunación y la mayoría desapareció en dos días. No se detectaron casos de miocarditis o pericarditis.
Al tomar la decisión, la FDA realizó una evaluación de riesgo-beneficio, utilizando modelos para predecir cuántos casos sintomáticos, hospitalizaciones, admisiones en unidades de cuidados intensivos y muertes por Covid-19 evitaría la vacuna para niños de 5 a 11 años versus el número de casos potenciales de miocarditis, hospitalizaciones, ingresos a UCI y muertes que la vacuna podría causar. El modelo de la FDA predice que los beneficios de la vacuna superarían sus riesgos en niños de 5 a 11 años. Además de proteger a los niños contra la enfermedad sintomática o las complicaciones de esta enfermedad, otra razón para recomendar la vacunación de los niños es proteger a toda la comunidad. Por último, con la vacunación de los niños se favorecerá que estos puedan reanudar sus actividades escolares, deportivas y sociales con el importante efecto positivo que estas tienen para su salud física y mental.
Para mí, como madre, mi prioridad siempre será hacer lo que esté en mis manos para garantizar la protección de mis hijos. Como pediatra, mi misión es aplicar mis conocimientos al recomendar tratamientos y acciones preventivas para asegurar la salud y el bienestar de mis pacientes. Entre estas, destaca la vacunación, herramienta que por décadas ha demostrado su efectividad para la prevención y control de enfermedades potencialmente graves. Cómo hemos podido ver, el caso de las vacunas contra la Covid-19 no es la excepción, por lo que podemos confiar en su seguridad y protegerlos así de la enfermedad grave y potenciales complicaciones por la Covid-19.
La autora es pediatra