Durante milenios, los homo sapiens nos hemos considerado los seres más inteligentes sobre la tierra. La seria investigación científica que se desarrolla en diferentes áreas del mundo, bajo el liderazgo reciente de Japón, nos demuestra fehacientemente que estamos lejos de serlo. No sólo somos menos rápidos y hábiles en el aprendizaje y dominio de ciencias como las matemáticas sino que, en nuestro accionar, el egoísmo, que no está presente en ellos, corroe nuestra conducta y, por lo tanto, el bienestar en la vida comunitaria.
Los resultados de esos estudios, realizados para medir el grado de inteligencia en nuestros primo hermanos genéticos, los orangutanes, han dejado perplejos a los investigadores. Con ellos, se ha podido determinar con precisión la gran capacidad de aprendizaje y de memorización que ellos poseen. Más aún, y significativamente, el concepto de equidad que reflejan en sus interrelaciones.
Un contundente ejemplo brindó el siguiente, inesperado e impactante resultado: a dos monos jóvenes y a un adulto se les facilitó una piedra y algunas nueces, aunque en cantidad diferente: cinco para el adulto y dos para cada joven. Los dos últimos fueron incapaces de utilizar la piedra para romper las nueces. El adulto supo hacerlo y con esa acción enseñó así a los novicios. Pero, el acto que a continuación ejecutó resultó más sorprendente; el adulto procedió adicionalmente a entregar a cada joven una de sus nueces. Y el principio de equidad, a tres piezas cada uno, resaltó bellamente ejecutado y ejemplarizante.
Al escuchar en los medios de comunicación que múltiples funcionarios privilegiados obtienen salarios de 10 mil dólares mensuales y, que aún así, reciben múltiples prebendas adicionales, las que incrementan muy significativamente sus ingresos, marcando un gran contraste con el promedio mensual de la población trabajadora, que es menor de 500 dólares; que además algunos, sin demeritar con ello la importancia y el excelente desempeño que demuestran en sus delicadas e importantes funciones tienen, según ha sido expuesto en medios radiales, salario cercano a los 25 mil mensuales y, aún así, igualmente reciben otras prebendas, más una bonificación anual de 50 mil, libre de gravámenes fiscales, con lo que sobrepasan los 300 mil dólares de emolumento anual, no nos queda, por simple lógica, otra cosa que anhelar vehementemente ser gobernados por orangutanes, con lo cual, con seguridad, desaparecería la enorme injusticia social que se refleja en estos sorprendentes ejemplos de nuestra sociedad, con todas las negativas repercusiones que ello ocasiona al desarrollo comunitario panameño.
Preguntémonos. ¿Cuántas decenas de miles de dólares dejan de percibir la Caja del Seguro Social, el Fondo Educativo y las Arcas de la Nación con el uso de subterfugios como "gastos de representación", "servicios profesionales", "bonificaciones" y prebendas adicionales, como lo son la importación de autos libres de impuestos, el uso gratis de gasolina, telefonía sin límites etc.?
Al ventilarse públicamente, en nuestro entorno, el grado de desproporción entre los que más tienen y los que poco alcanzan, a pesar de la enorme riqueza que fluye por nuestro pequeño, pero estratégico territorio ístmico, el ejemplo humano, a diferencia del de los simios, nos golpea con la fuerza de un violento insulto.
Como ser gobernados por simios no es, por obvias razones, prácticamente realizable, sólo nos queda el forzar, haciendo uso del poder mayoritario de quienes en nuestra sociedad nos impulsa un criterio más equitativo, el colocar en posiciones relevantes de la administración pública no sólo a los elementos más capaces, sino el establecer las reglas que garanticen la mayor equidad posible en la captación y utilización de los recursos de que dispone el Estado. Y, ello no significa caer en el populismo, ni en el comunismo, cuyas conductas han demostrado en todo el orbe conducir a un fracaso mayor.
El primer gran paso que dio la administración política actual, forzado por las desfavorables circunstancias, fue el modificar el Sistema Tributario.
Aunque en materia de salarios, no debería existir la evidente y marcada desproporción que hay entre el elevado salario asignado a los prominentes funcionarios del gobierno y el promedio que devenga la mayoría de los trabajadores públicos y privados, en el país, muchísimos de ellos profesionales en su ramo, se hace obligante la siguiente reflexión: "como economistas, ¿no resulta mucho más productivo, y positivo para el Estado, el ofrecer a esos altos ejecutivos un mejor salario, pero eliminándoles las prebendas y los subterfugios, con los cuales eluden el pago de los impuestos, mismos que se le exigen sin contemplaciones al resto de la ciudadanía, la que, irrisoriamente, percibe individualmente muchísimo menos? Y, ¡empezamos a respetar, así, nuestra vigente Constitución Nacional la cual establece, taxativamente, que no habrá fueros ni privilegios! ¿Por qué continuamos, olímpicamente, violando la ley y nuestra Carta Magna?
Tal es uno de los grandes retos que enfrentamos y que deberán tener muy presente, sobre todo, aquellos que, individual o colectivamente, en sus respectivos grupos partidistas, se movilizan hacia el control de las posiciones de mando gubernamental. Meta ineludible, si es que verdaderamente se aspira a vivir, como gobernantes y ciudadanos, en un país en el que se disfruten los beneficios de la labor cotidiana con el de la paz social.