Sin duda, una de las tendencias más interesantes de los últimos años en el tema educativo es que las mujeres están tomando la delantera. En casi todo el mundo occidental, ellas son mejores estudiantes que los hombres y ocupan los primeros puestos de las clases.
Los datos de nuestro país muestran cifras alarmantes de deserción escolar entre los hombres, mientras se incrementan las de mujeres que comienzan sus estudios universitarios. Por ejemplo, a la Universidad de Panamá ingresan más mujeres que hombres. Esa brecha aumenta cada año con año.
Los muchachos superan a las muchachas en los deportes, pero las muchachas participan en el gobierno de la escuela, intervienen en los periódicos escolares y se anotan en diversos cursos yactividades extracurriculares. Las muchachas se organizan mucho mejor y rinden más; cumplen con las tareas asignadas en proporciones más elevadas respecto de los varones.
Esto no sólo ocurre en Panamá, en parte es consecuencia de las políticas y experimentos educativos con enfoque de género, implementados a nivel global.
Para contrarrestar esta tendencia el ministro de Educación de Estados Unidos anunció, hace unos meses, una reforma para que los colegios públicos –que así lo deseen– puedan ofrecer programas de educación diferenciada. Esta reforma contó con el apoyo general de la población estadounidense, incluidos líderes del partido demócrata como Hillary Clinton; ella misma es un ejemplo de éxito femenino de la educación diferenciada, pues estudió su secundaria en Wellesley Collage, un colegio exclusivo para damas.
En Alemania, desde hace algunos años, también se ha realizado esa experiencia con éxito. Eso ha permitido una educación diferenciada y flexible en los colegios públicos, según el rango de edades, con el fin de intentar reducir el fracaso escolar masculino y fomentar las habilidades matemáticas entre las mujeres.
¿Por qué este resurgimiento de la educación separada a nivel público en países del primer mundo? La respuesta es simple: los estudiantes varones parecen estar afectados por un estilo educativo que no corresponde con su naturaleza y sus aptitudes, y que tiende más bien a favorecer los rasgos de aprendizaje propios del cerebro femenino. Así, parece que la mujer está logrando mejores resultados muchas veces a expensas del hombre. Una manera de no sacrificar el potencial masculino es, entonces, ofrecer educación diferenciada por sexos para el que la quiera.
Desde hace décadas, las investigaciones en neurociencia, endocrinología, genética y desarrollo psicológico coinciden en que las diferencias sexuales en aptitudes y preferencias son innatas, y no consecuencia de la sociedad. La sociedad influye, pero más influyente es la naturaleza.
¿Cuáles son las diferencias biológicas que afectan el proceso educación? Aunque hay excepciones, esta suele ser la norma general: los muchachos tienen mejor visión espacial; las muchachas mejor habilidad verbal; los muchachos asumen riesgos; las muchachas son más ponderadas; los muchachos están orientados a la acción, incluso a la violencia, se insultan, se pelean y responden cuando se les ataca. Estas diferencias, en gran parte biológicas, tienen repercusiones en las aulas.
En 2001 apareció un estudio del Australian Council for Educational Research, que comparaba los resultados de las escuelas diferenciadas con los de las mixtas. El estudio analizaba 53 indicadores académicos en más de 270 mil alumnos, durante seis años. Su conclusión era que los alumnos –tanto mujeres como hombres– de colegios de enseñanza diferenciada obtenían resultados entre 15 y 22 puntos porcentuales más altos que los de colegios mixtos en aquellos indicadores.
Aplaudimos la iniciativa de unos padres de familia panameños que abrirán las puertas de una nueva escuela de enseñanza diferenciada en Panamá en los próximos meses. A la vez no perdemos la esperanza de que en la enseñanza pública sigamos el ejemplo de países del primer mundo, con planes flexibles de educación diferenciada, conscientes de que el sexo del cerebro influye mucho en las aulas.