Trataré de exponer mi opinión respecto a la Resolución N°1 del 3 de marzo de 2021 del Consejo Interinstitucional de Certificación Básica en Medicina, “por la cual se establece de manera temporal y hasta que se levante el estado de emergencia nacional, el puntaje mínimo de aprobación para el examen de certificación básica en medicina”, que reduce el puntaje mínimo de aprobación de 405 (42%) a 360 (34.5%) desde una perspectiva, quizás, un poco relegada o desconocida, actualmente: desde la historia y la filosofía de la medicina y desde el uso de la teoría de la argumentación (lógica informal).
Es cierto (y válido) que el Estado debe velar por la salud de todas las personas que habitan en el territorio panameño, sobre todo en caso de estados de emergencia mundial. Este “velar por” es un asunto de salud pública no solo nacional, sino que atraviesa fronteras, por ende, de la humanidad misma. El Estado debe buscar todas las estrategias, entre ellas las mejores, para garantizar este servicio a la humanidad. Este servicio a la humanidad, por razones éticas, no debe desmejorarse cualitativamente en búsqueda de una cifra numérica. El mayor bien entre dos males (principio bioético) se procura cuando no existe salida. Entonces, ¿será la única salida el disminuir el puntaje de aprobación de un examen que asegura la evaluación de la calidad educativa del ingreso de los futuros médicos a un sistema de salud? ¿Será la respuesta justa y necesaria como estrategia en salud pública y planificación en salud? ¿Será que las ciencias biomédicas básicas no se consideran un pivote o el eje principal para la formación de un buen médico (resáltese el adjetivo “buen”)?
En el libro ley (nomos) de los Tratados Hipocráticos, observamos lo siguiente: “Debe, pues, aquel que vaya a aplicarse a un conocimiento auténtico del arte de la medicina estar en posesión de lo siguiente: capacidad natural, enseñanza, lugar adecuado, instrucción desde la infancia, aplicación y tiempo”. La historia de las ideas que perduran en el tiempo (las enseñanzas éticas sobre la buena praxis médica de Hipócrates, Galeno, Avicena, que incluye la enseñanza maestro-aprendizaje) tiene altas posibilidades de ser la que más se aproxima a una verdad universal, es decir, invariable en tiempo y geografía. Siguiendo el texto de la ley, “el arte de la medicina es de todas las artes la más notable, pero, debido a la ignorancia de los que la practican y de los que a la ligera los juzgan, actualmente está relegada al último lugar”. Es por ello que debemos preguntarnos: ¿quiénes, actualmente, juzgarán a la ligera este arte noble y quiénes de los médicos ignoran tal nobleza como para perjudicar la calidad en búsqueda de recurrir a una cifra mayor (de masificación) de ingreso de médicos al sistema? ¿Será que para los que redactan esta resolución las sugerencias históricas de una enseñanza larga, aplicada, desde los mismos primordios (la infancia y las ciencias básicas) no sea ya necesaria para garantizar la nobleza de este arte? Espero equivocarme.
El autor es médico