Ante la perspectiva de sufrir una segura derrota, la primera ministra británica, Theresa May, aplazó ayer la votación en el Parlamento sobre el brexit, y dijo que se reunirá de nuevo con los líderes de la Unión Europea (UE) para solicitar cambios al acuerdo de separación.
La maniobra de May generó un desorden en los planes del brexit, intensificó una crisis política interna y le propinó un duro golpe a la libra. Dado que las autoridades europeas se han mostrado firmes en que el acuerdo de retiro no está sujeto a renegociación, Gran Bretaña no sabe bajo qué términos se irá ni si May seguirá siendo primera ministra.
May aceptó que el acuerdo de separación que alcanzó el mes pasado con los líderes de la UE probablemente sería rechazado “por un margen significativo” si la votación se efectuaba.