Hace 68 años la herrerana Eudocia Ávila tuvo un sueño que compartió con su esposo Heliodoro Santana.
Ávila, fiel creyente del evangelio, en una de sus oraciones pidió a Dios que le mostrara una receta para elaborar pan, con un buen rendimiento para varias personas y un sabor único. Y, según ella, así fue.
Días después preparó pan para repartir a los vecinos y a personas de bajos recursos, solo que contaba con “la receta divina”.
Al principio el negocio fue en una abarrotería en La Arena de Chitré, en la antigua casa de los Santana.
Posteriormente se le conoció como panadería La Arena, nombre que le dieron los propios vecinos, cuenta Luz Neira Calderón Santana, nieta de los fundadores.
Mientras la descendiente de Eudocia habla, el olor a pan horneado invade el ambiente.
“La gente dice que el pan de La Arena es de todos lados... pero no es así... el único pan de La Arena es el de aquí”, señala Luz, quien ha asumido la responsabilidad de continuar con el negocio.
La receta ha sabido guardarse por tres generaciones y ella ya la ha traspasado a sus hijos.
Sin embargo “es un trabajo muy sacrificado”, aclara. En el local hay turnos de madrugada, desde las 2:00 a.m., ya que amasar y asar el pan puede llevar tres horas y los primeros clientes llegan a las 5:00 a.m. y los últimos se van a las 9:00 p.m.
Ahora la panadería se ha vuelto popular y es visitada por artistas, políticos y autoridades del país, sobre todo, en esta época del año de la Feria Internacional de Azuero.