El 17 de setiembre de 2004 una ola atravesó la carretera Interamericana y bajó como un pequeño tsunami hacia la flamante barriada Prados del Este. Quinientas dos familias vivían allí y lo perdieron casi todo. El agua subió hasta los techos y hubo zonas en las que alcanzó los dos metros de altura.
Pasaron siete meses desde aquel aguacero fatal y las lluvias amenazan ahora con acelerar su regreso, con lo que los peligros renuevan sus fuerzas. Son pocos los vecinos que han podido mudarse.
Es cierto: el Banco Nacional no les cobra las cuotas de sus hipotecas –a partir del 15 de este mes vuelven a pagar– y la mayoría de las familias ya compró casas en otros proyectos barriales de la zona. Mientras esperan la entrega de sus nuevas viviendas, los residentes se preparan para enfrentar los peligros de vivir en un lugar no apto para la vida.
"Yo vivo en la casa 200, que es una esquina. Aquí enfrente están desbordadas las aguas negras y es insoportable. Tenemos que vivir encerrados para evitar el olor, y a mis tres nenas no les permito jugar en la puerta porque está hediondo", explicó Marixa Noriega antes de subirse al bus que la llevaría hasta la vía principal. "Perdona que te deje así, pero si no me subo a esta chiva, vaya a saber uno cuando vuelve otra. Y es que los buses ya no entran a Prados del Este para no ensuciarse", dijo.
Luego de que el sueño de la casa propia estalló en la cara de los moradores, Prados del Este se convirtió en tierra de nadie. Las residencias que fueron abandonadas tras la última inundación de octubre fueron saqueadas –se llevaron puertas y persianas– y ahora que sólo queda el esqueleto de foam y cemento se convirtieron en basureros improvisados.
"Como todos se van, nadie cuida y esto es un desastre", indicó otro vecino que prefiere no ser citado por su nombre.
Dentro de las casas, la gente tiene todo elevado. Así quedaron las cosas desde la última inundación de octubre. Los muebles están sobre cajas y ladrillos y arriba de todo, la ropa y los televisores. Es como si uno visitara las casas de basquetbolistas altísimos.
Lo cierto es que el caso de Prados del Este, un símbolo de lo que podría ser corrupción institucional y tráfico de influencias, sigue sin hallar culpables.
El laberinto
Por esta construcción mal habida hay pendientes tres causas judiciales. La primera es la que impulsó el Banco Nacional por supuesta financiación fraudulenta. Está a cargo de la fiscal anti corrupción Cecilia López. En este proyecto el banco tiene comprometidos 12 millones de dólares.
Las otras dos fueron promovidas por los moradores y por la Autoridad Nacional del Ambiente. Las investigaciones están siendo llevadas adelante por la fiscal tercera anti corrupción, Maribel Cornejo, quien formuló cargos contra cinco de los socios de PRONAVI porque considera acreditado el hecho punible.
"No entiendo cómo quieres que te hable de algo que no existe en Panamá", responde Lika Sánchez –de la casa 49– cuando se le consulta sobre los avances de las investigaciones judiciales. "Mira, a nosotros nos robaron dos años de nuestras vidas, de nuestro trabajo. El banco nos ofrece otra hipoteca por el 100%, pero el anticipo y los dos años que yo pagué por esta casa a mí no me lo devuelve nadie. Y pensar que Bolívar Pariente está de vacaciones", se quejó la señora.
Sin embargo, cuando la tormenta que inundó Prados desembocó en la justicia, la reacción de Cecilia López, la encargada de investigar la querella criminal que presentó la nueva gerencia del Banco Nacional, fue sorpresivamente veloz. Tomó declaraciones de inmediato y hasta emitió explosivas órdenes de detención. Pero su investigación terminó empantanada por un pedido de recusación que hizo Rogelio Cruz, abogado de Pariente. Finalmente, el pasado 14 de marzo, López fue ratificada como fiscal de la causa.
Lo primero que hizo fue pedirle al Registro Público la lista de propiedades de los implicados. La investigación volvió a activarse. El final sigue aún abierto.
El prófugo que la Interpol no puede encontrar
Se llama Bolívar Pariente y hace meses que no aparece. Era Gerente General del Banco Nacional cuando se aprobó financiar el proyecto Prados del Este. La empresa que recibió el respaldo se llamaba PRONAVI. Había sido creada para llevar adelante la barriada. El tesorero de PRONAVI, Fredy Lanza, es consuegro de Pariente.
Luego del escándalo que se desató tras la inundación y ante las requisitorias judiciales, Pariente desapareció. Primero se dijo que estaba en España, luego en Costa Rica, pero lo cierto es que no aparece. "Yo no tengo contacto con él", informó Rogelio Cruz, su abogado. "No sé si se pintó el pelo o engordó. Lo que sí se es que presentamos un hábeas corpus ante la Corte Suprema para que pueda presentarse a declarar sin ser detenido", explicó el abogado.
Por lo pronto, la situación de Pariente parece seriamente comprometida. Al menos, eso se desprende de la auditoría interna que realizaron las autoridades que lo reemplazaron en el Banco Nacional. De hecho, la gerencia del banco declaró que ese proyecto jamás debió haber sido financiado por la institución. Pariente, mientras tanto, sigue desaparecido.