En la vida hay que aprender a soltar, a desprender y a perdonar.
En todas las situaciones de la vida cotidiana se debería “dejar ir” todo aquello que hace daño o pesar. Sin embargo, depende en gran medida de la propia voluntad, explica Giselle de la Hoz, presidenta de la junta directiva de la Fundación Piero Rafael Martínez de la Hoz.
Esa voluntad depende de la forma en que “nosotros enfrentamos el dolor, y los recursos internos con que cuenta la persona. ‘Dejar ir’ es perdonar la historia vivida. Para algunas personas se les hace imposible ‘dejar ir”.
Por ello, la fundación organiza la campaña “Desatando nudos” para promover el perdón.
“Todos en algún momento nos vemos en la necesidad de hacer depósitos emocionales a nuestro corazón e iniciar así un proceso que permite perdonarnos a nosotros mismos o a aquellos que nos han hecho daño”.
La institución está organizando un taller sobre el tema el 5 de abril. Para mayor información escribir a proyectosespeciales@duelo.org o llamar a 227-7498.
Para poder perdonar, primero, “tenemos que aprender a perdonarnos a nosotros mismos”. Se debe tener presente que “el perdón no es justificar; no es excusar el daño cometido. No hay reconciliación si no hay perdón, pero sí puede haber perdón sin reconciliación”.
Resulta imposible vivir con resentimientos, rencores y odios, comenta de la Hoz. “Vivir con un corazón embadurnado de dolor, que quede anclado en un pasado, sufriendo inútilmente, es inhumano”.
Por ello, reflexiona que así como “le brindamos a nuestra vida estudios y objetos materiales, y a nuestro cuerpo comida y ejercicio, estamos en la obligación de brindarle a nuestro espíritu espacios de reflexión para cimentar nuestra existencia con amor y perdón, una vida con libertad, sin ataduras a pasados dolorosos”.