El compositor y cantante español José Luis Perales canta por un mundo en calma, donde haya más amor y menos violencia, así como más comunicación real y menos interacción virtual.
Esa fue la esencia de las 25 canciones de balada romántica que el músico entonó en el centro de convenciones Atlapa en la pasada noche del jueves 16.
Su visita al istmo se dio como parte de su gira musical “Calma”. La última vez que había estado en el país había sido hace cuatro años.
Una audiencia heterogénea, conformada por adultos mayores y adultos jóvenes, coreó los temas del artista, que comenzó su carrera musical en la década de 1970.
REPERTORIO
El músico, de 72 años, se dio cita en el recinto vestido formal; llevaba una camisa azul manga larga y pantalón negro. A lo largo del concierto, que comenzó a las 9:00 p.m. y culminó a las 11:00 p.m., no solo cantó grandes éxitos como Y cómo es él, Amada mía y Un velero llamado Libertad, sino que, cual autor y poeta, interactuó constantemente con su audiencia.
“Muchas gracias, muy buenas noches a todos. (…) Para mí es un gran placer volver, volver de nuevo, encontrarlos aquí, cantar para vosotros, y tratar de pasar entre todos una noche agradable. A lo largo de este concierto, evidentemente habrá canciones que queréis escuchar y que no me perdonaréis si no las canto, y habrá canciones que me tendréis que preguntar si las canto, pero es mi nuevo trabajo que se llama Calma, y que espero les guste. Muchísimas gracias por estar aquí esta noche”, fueron sus palabras introductorias.
El espectáculo musical, que brindó una atmósfera que evocaba al romanticismo, a la nostalgia y a la espera, contó además con la participación de una orquesta compuesta por instrumentos como guitarras, bajo, batería, percusión, acordeón, flauta, saxofón y xilófono, entre otros.
Perales, conocido internacional por ser un compositor de grandes íconos de la música, aprovechó sus intervenciones para recordar que se vive en un mundo donde prevalece la inmediatez de lo digital, por lo que abogó por disfrutar el tiempo y la cercanía física.
“Hay una dependencia absoluta por llegar ‘de primero’ a todo. Hay una gran dependencia por Facebook, a esos ‘aparatitos’; hay mucha soledad. A veces voy a restaurantes y veo a gente que está comiendo, cenando, y no habla; tienen prisa para ver quién va más deprisa con las teclas… Si os calláis es que es verdad”.
Y así, entre canciones, poesía e intervenciones, el reloj marcó a las 11:00 p.m., y a Perales le tocó despedirse. Y lo hizo de la mejor manera como sabe hacer: cantando Un velero llamado Libertad. Y se marchó.