La generosidad es una acción cuyo valor se ha devaluado con el tiempo, y se ha perdido la esencia de su significado.
Así piensa el psicólogo Rodolfo Justine, quien afirma que “generosidad” equivale al “acto de dar”.
Para él, es así de sencillo: “¿Qué se da? Lo que se quiera dar: a veces es un ‘buenos días’, otras es un ‘¿cómo estás?’. Trato de que las parejas que vienen a terapia practiquen más la generosidad entre ellos, se hablen, se saluden, sean amables, se respeten”.
En este sentido, la psicóloga Xóchitl Mckay de Delgado agrega que la generosidad no puede ser un regalo, porque “la generosidad es una virtud inherente al ser humano. Las personas generosas han desarrollado esa virtud con el propósito de aliviar las necesidades del prójimo dentro de sus posibilidades”.
Como consecuencia, la especialista añade que una persona generosa puede “compartir con los demás dinero, ropa, comida, en fin, necesidades básicas materiales. También pueden ser aspectos no materiales: amor, tiempo con enfermos o ancianos, con los animales y con los más débiles”.
GENEROSIDAD INNATA
El hecho de que hoy en día millonarios, magnates y celebridades mundiales —como Bill Gates, Cristiano Ronaldo, Shakira, Juanes y Steffi Graf, entre otros— lideren causas mundiales de forma altruista, y que donen dinero y tiempo para aportar a la resolución de problemas mundiales, es testimonio de la esencia de la generosidad, reflexionan los psicólogos consultados.
“Creo que estas personas son un ejemplo a gran escala de lo mucho que vivimos todos en distintos momentos. ‘Ya yo comí con familias de amigos, o de vecinos cuando niño’; comí de la generosidad de otros. Ya todos hemos ayudado de varias maneras al bienestar de amigos, familiares y desconocidos, de maneras que tal vez no consideramos como ‘generosidad’. Estos señores con más recursos tal vez hagan lo mismo de una manera más intencionada, y en porcentaje que refleja su capacidad adquisitiva. Creo que activa en todos esa pequeña voz que nos dice que podemos hacer algo al respecto de cómo vivimos y cómo deberíamos vivir”.
Aunque Mckay de Delgado coincide en que estos son un ejemplo para los demás, hace la aclaración de que “no todos los millonarios donan por altruismo. Algunos lo hacen para lavar su imagen, por reducir su pago de impuestos, por estatus. El verdadero altruista no pide nada a cambio. El placer de dar es su motivo, es su pago, su realización”.
En este sentido, entregar un regalo en estas fiestas decembrinas —según Justine—“forma parte del mundo de lo simbólico, forma parte de un ritual: un acto en el que recibes y das algo solo porque sí, porque lo quieres dar, y el regalo simboliza la generosidad, el acto de dar. Un regalo debe ser eso, dar algo que alguien puede necesitar; es mucho más que cuánto puedo dar y cuánto costó lo que di”.