Cuando la muerte de Aretha Franklin se anunció por la megafonía de la planta automotriz de Detroit donde trabaja Maurice Black, la emoción fue tan grande que los encargados de la planta interrumpieron brevemente la cadena de montaje.
“La expresión en todos los rostros era abrumadora”, explicó el hombre de 53 años delante de la iglesia bautista New Bethel, donde Aretha comenzó a cantar góspel cuando era una niña y su padre era el pastor del templo.
Jesse Jackson
Activista por los derechos civiles y pastor bautista.
“Los corazones estaban abatidos, los muchachos trataban de recomponerse, por lo que el encargado dijo que podíamos ir al baño”, relató Black. “Muchas personas fueron, entonces, oficialmente pararon la cadena” por un momento.
Emoción
Lo que provocó esta emoción tan intensa fue que muchos trabajadores recordaron la visita de Aretha a la fábrica unos años antes, explicó. “Cuando vino aquí, todos gritaron ¡Aretha! ¡Aretha! ¡Reina de soul! ¡Reina de soul!”.
Los autos y la “Reina del soul” van de la mano en Detroit, la ciudad más grande de Michigan, apodada la “Ciudad del motor” por su fuerte vinculación desde hace décadas con la industria automotriz.
Admiración
Maurice Black creció en el vecindario cerca de la iglesia, donde disfrutó de las recetas preparadas por Aretha durante las abundantes comidas que ofreció a la comunidad y a las personas sin hogar en Acción de Gracias y Navidad.
“Ella hizo la mejor sopa de carne de res, con ese pan de maíz, estaban de muerte”, recuerda. “Había tanto para comer que no sabíamos qué hacer”.
En el vecindario están orgullosos de que la legendaria cantante desdeñara el prestigio de ciudades como Los Ángeles o Nueva York para seguir estando cerca de sus raíces. Los que acudieron a rendirle homenaje desafiando la lluvia con ramos de flores y globos rememoraron su música.