El planeta enano Ceres, que sigue siendo un misterio para los científicos, podría ser un “mundo oceánico” bajo la superficie, según una serie de estudios.
Desde su descubrimiento en 1801, Ceres ha sido considerado sucesivamente como un planeta, después un asteroide y, ahora, un planeta enano. Pero independientemente de su denominación, nunca ha dejado de intrigar a los científicos.
En 2015, tras un periplo de siete años y medio, la sonda estadounidense Dawn se situó en órbita alrededor de este cuerpo en órbita entre Marte y Júpiter.
Con un diámetro de unos 950 km, Ceres representa el mayor objeto del cinturón de asteroides y tarda 4.61 años terrestres en dar la vuelta al Sol.
A finales de 2018, la sonda Dawn, con problemas de energía, dejó de transmitir, pero los investigadores siguen analizando las imágenes y los datos que recabó, descritos ayer en siete estudios publicados en las revistas Nature Astronomy, Nature Geoscience y Nature Communications.
Uno de los famosos misterios de Ceres es la presencia de más de 130 zonas luminosas en la superficie, la mayoría asociadas a cráteres de impacto.
Y es que, en su fase final, Dawn orbitó solamente a 35 km de Ceres, centrándose en Occator, uno de los cráteres de 20 millones de años.
Según los autores de uno de los estudios, dirigido por Carol Raymond del Instituto de Tecnología de California, en Estados Unidos, bajo el cráter se escondería un reservorio de salmuera, solución acuosa saturada de sal.
En otro artículo, Maria Cristina De Sanctis del Instituto Nacional de Astrofísica de Italia, y sus colegas, señalan la presencia de cloruro sódico hidratado en la zona más grande brillante del cráter de Occator.