No en vano se dice que los manglares son fuente de vida y de alimento.
Estos bosques pantanosos —que se desarrollan en espacios donde se mezcla el agua dulce del río con la salada del mar— actúan como aliados para contrarrestar los efectos nocivos del cambio climático.
Este ha sido el mensaje que se ha replicado como eco por estos días en el Taller Carbono Azul, que organiza el Centro Regional Ramsar para la Capacitación e Investigación sobre Humedales en el Hemisferio Occidental (Creho, por sus siglas en inglés).
La cita, que se inició el lunes pasado, y que culminará hoy, miércoles, ha reunido a 18 expositores internacionales y locales que han dialogado sobre el rol de los humedales y ecosistemas marinos y costeros para el sostenimiento del planeta.
CARBONO AZUL
En palabras del biólogo Arturo Dominici-Arosemena, director ejecutivo del Creho, estos ecosistemas tienen la capacidad de “secuestrar el carbono azul”—que no es más que dióxido de carbono atrapado en ellos— crucial para mitigar el daño al medio ambiente.
Actualmente existe la Iniciativa Carbono Azul, un programa mundial que busca promover la conservación y la restauración global de los ecosistemas marinos y costeros.
Este proyecto internacional pretende consolidar estos “bosques azules”, como también se le conoce a estas formas de vida, detalla el biólogo José Guillermo Sánchez, oficial de comunicaciones del Creho.
“Estos ‘bosques azules’ o ‘ecosistemas marinos y costeros’, como son manglares, praderas submarinas y marismas, son clave para combatir el cambio climático” y evitar de esta manera la contaminación atmosférica, reflexiona el especialista.