Tras décadas de expectativas frustradas, este fue el año en que por primera vez se pudo alterar el ADN humano para tratar enfermedades. Terapias genéticas para tratar el cáncer e incluso para la hazaña bíblica de dar vista al ciego fueron aprobadas por las autoridades sanitarias estadounidenses, lo que consagró la manipulación de los genes como la nueva vanguardia en la medicina.
Hace casi 20 años, la muerte de un adolescente en un experimento genético obligó a hacer una pausa en este campo tan promisorio. Pero hoy día, una serie de asombrosos resultados ha renovado esperanzas de que la manipulación del ADN dejará de estar confinada a tratamientos aislados y pasará a constituir la cura de muchas enfermedades.
“Estoy totalmente dispuesto a usar la palabra cura”, dijo el doctor Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos.
La terapia genética tiene como objetivo atacar la raíz de un problema de salud al eliminar, añadir o modificar el ADN en lugar de simplemente aliviar los síntomas de la enfermedad que es consecuencia del desperfecto genético.
La posibilidad de editar genes –una técnica más precisa y duradera que la terapia genética– podría ampliar la lista de enfermedades susceptibles a tratamiento.
En noviembre, un equipo médico en California intentó editar un gen dentro del cuerpo de una persona por primera vez, un hombre que sufría de una enfermedad del metabolismo. Fue como una actividad de cortar y pegar, en que se colocó un gen en una ubicación específica. Se anticipa que el próximo año se pondrá a prueba en el laboratorio otra técnica para edición genética llamada Crispr.
Es una trayectoria común en todo avance científico: primero el éxito parece al alcance de la mano, luego los reveses obligan a los científicos a regresar al laboratorio, hasta que después de unos años se logra un mayor entendimiento del problema y se destila qué procedimientos son los que funcionan.