El actor Ben Kingsley es experto en hacer intemporales a los grandes personajes históricos.
Ha sido Gandhi, Moisés, Lenin o Pericles y ahora se transforma en el visir Ay, el poder en la sombra del faraón Tutankamón, en la miniserie que se estrenó en España este mes de diciembre.
“Desde el Antiguo Egipto todo ha cambiado y nada ha cambiado. Seguimos los mismos patrones de comportamiento. Los celos, el poder, la traición o la lealtad están en nuestro ADN. Las pasiones humanas son las mismas desde hace 4 mil años”, dice el ganador de un Óscar y caballero de la Orden del Imperio Británico.
Kingsley, que ha trabajado con grandes directores como Steven Spielberg, Martin Scorsese y Roman Polanski, y es uno de los actores más reputados de la actualidad, se define a sí mismo como un “contador de historias”.
“Me siento obligado a contar historias, no sé el porqué, pero es así. Y creo que cualquier actor tiene que sentir esa pasión absoluta y convicción de que no podría hacer otra cosa: tiene que ser algo imperioso”, opina.
“Leo muchos guiones a la semana. A la hora de elegir no me importan tanto el personaje como el guion, el director, los actores con los que voy a trabajar y si el mensaje que transmite la película es inspirador”.
Intrigas cortesanas, batallas épicas, relaciones incestuosas y grandes dosis de exotismo son los principales ingredientes de Tutankamón, una ficción que trae al espectador contemporáneo la vida del faraón más joven del Antiguo Egipto, que subió al trono con solo 9 años.