Precursor del surrealismo. Profeta de la modernidad. Provocador, enigmático, embaucador. Salvador Dalí es un artista inabarcable.
Uno de los aspectos menos conocidos de la obra del genio español –que llegó a afirmar: “el surrealismo soy yo”– es su devoción y profundo respeto por los clásicos, que ahora queda recogido en una novedosa exposición en el Palacio Blu de Pisa, la ciudad italiana famosa por la torre inclinada, hasta el próximo 5 de febrero de 2017.
“Dalí, el sueño del clásico” muestra a través de 149 obras, que abarcan desde 1945 hasta 1982, la relación íntima del célebre artista con Italia y, en particular, con los grandes maestros del Renacimiento.
Hay una selección de óleos muy poco conocidos, que nunca antes habían sido expuestos, y que corresponden a interpretaciones de obras de Miguel Ángel.
Se trata de Cristo según La piedad Palestrina, Moisés según El sepulcro de Julio II, Según Muchacho en cuclillas y Juliano de Medici según El sepulcro de Juliano de Medici.
“Son óleos poéticos y sugerentes que atraen y seducen al espectador. Dalí reinterpreta los clásicos y le interesa, sobre todo, la figura del artista humanista que domina todos los aspectos del saber, no solo la pintura”, señaló a este diario la comisaria y directora de la Fundación Gala-Salvador Dalí, Montse Aguer.
Son obras realizadas a lo largo de 1982, poco antes y poco después de la muerte de su esposa y musa Gala, acaecida en junio del mismo año, y reflejan las obsesiones de Dalí por la búsqueda de la inmortalidad a través de la persistencia del proceso creativo.
“Se muestra un Dalí diferente y poco estudiado. Dalí expresa su sentir del momento, que incluye sentimientos de enfermedad y de muerte, pero también una gran vitalidad y su lucha por continuar con su creación. Para Dalí, seguir viviendo es seguir pintando”, destacó Aguer.
Una de las obras más impresionantes de esta exposición es una de las cuatro inéditas inspiradas en Miguel Ángel. Se trata de Moisés según El sepulcro de Julio II, en la que Dalí separa a Moisés del entorno iconográfico original de su creador y representa con fuerza la reacción rabiosa del profeta cuando descubre que su pueblo lo ha traicionado.
El patriarca bíblico de Dalí parece lleno de electricidad y de su imagen emana una energía colérica que podría pasar por un dios enfuriado del Olimpo.
La exposición descubre un Dalí poco conocido que trabaja desde el respeto absoluto por la tradición y el pasado, pero advierte al mismo tiempo de la necesidad de superarlos a través de una innovación constante, siempre dirigida hacia la contemporaneidad. Es la prueba de que detrás de la parafernalia teatral de su exuberante personalidad, se escondía un intelectual extremadamente complejo que respeta y honra a sus antecesores.
Desde su expulsión del grupo surrealista, al inicio de la década del 40, el pintor catalán abandera una nueva postura clasicista y de defensa del Renacimiento.
Los intereses intelectuales de Dalí continúan expandiéndose a la manera de un humanista renacentista y se considera el precursor de una nueva fase renacentista.
Es en este contexto en el que se realizan las ilustraciones para La Divina Comedia de Dante Alighieri, en las que Dalí hace un uso espléndido de la luz.
También hay algunas obras del año 1945 en las que muestra su conmoción por las consecuencias del lanzamiento de la bomba atómica y se interesa por la descomposición del átomo y por la fusión entre ciencia y religión.
Todas las obras proceden de la Fundación Gala-Salvador Dalí, del The Salvador Dalí Museum de San Petersburgo en Florida, Estados Unidos, y de los Museos Vaticanos.