En una cocina humeante de Tokio, un aroma de asado flota en el aire mientras Yuta Shinohara prepara caldo de ramen, una sopa de fideos japonesa, pero esta vez no lleva carne de cerdo o pollo, sino grillos.
“Hay 10 mil grillos en este plato, bastantes para preparar 100 cuencos” de ramen, explica Yuta Shinohara, de 26 años, revolviendo en una olla grande.
A primera vista, nada distingue el ramen de Yuta Shinohara de los que se suelen encontrar en Japón: fideos blancos finos servidos en un caldo salado, con jugosas rodajas de carne y grandes trozos de brotes de bambú.
Shinohara no es un chef profesional. Se describe como un “chico de la tierra”. El amor por la naturaleza, dice, lo condujo a la gastronomía basada en insectos. “Quiero demostrar que comer insectos es placentero, para que sean considerados como (otros) animales o las plantas”, explica.