El mandatario centrista Emmanuel Macron y la ultraderechista Marine Le Pen partieron de nuevo en campaña este lunes 11 de abril para convencer a los electores que no votaron por ellos en la primera vuelta de la presidencial, de cara a un reñido balotaje el 24 de abril.
Macron viajó a la ciudad de Denain (norte), donde se impuso Le Pen en la primera vuelta, tras alertar en la noche de este domingo que “nada está decidido” y que las próximas dos semanas serán “decisivas” para Francia y Europa.
“Aquí quedé tercero [en la primera vuelta] y vine al encuentro de nuestros compatriotas para escuchar, para convencer”, dijo Macron, a quien sus conciudadanos cuestionaron por asuntos como la educación y las pensiones.
El candidato de La República en Marcha (LREM) logró su boleto para la segunda vuelta con un 27.85% de los votos, mejor de lo que estimaban los sondeos, seguido de su rival de la Agrupación Nacional (RN, 23.15%).
Francia se dispone a revivir el mismo duelo que en 2017, cuando Macron ganó el balotaje con un 66.1% de votos. Según los últimos sondeos, su ventaja ante Le Pen se reduciría ahora a entre 2 y 10 puntos.
“Es un partido de vuelta completamente diferente”, aseguró no obstante a la AFP el politólogo Brice Teinturier.
En su opinión, el presidente saliente “ya no es el nuevo candidato que encarna una forma de frescura” como en 2017 y su rival ya no genera “mucho rechazo”, al haber trabajado su imagen y estar “más en contacto con los franceses”.
El país tampoco es el mismo. Su primer mandato estuvo marcado por protestas sociales contra su política hacia las clases populares, una pandemia que confinó a millones de personas y, ahora, por los efectos de la guerra en Ucrania.
La ofensiva rusa en Ucrania opacó la campaña de la primera vuelta, pero sus consecuencias en los precios de la energía impulsaron la inflación y reforzaron la principal preocupación de los franceses: la pérdida de poder adquisitivo.