Todos, en algún momento, nos equivocamos. Todos hemos experimentado algún tropiezo en el camino del aprendizaje. Solemos tener la dicha de contar con personas que nos apoyan, nos guían y corrigen para poder desenvolvernos correctamente, en los momentos más vulnerables de nuestras vidas.
Muchos no tienen la misma suerte. Según datos del Atlas de Desarrollo Humano Local: Panamá 2015, 14.1% de jóvenes en todo el país son pobres multidimensionales. El 3.6% de los alumnos matriculados en la educación pre-media y media, para 2013, desertó del sistema educativo. En 2014, aún 26 mil 710 niños, entre 5 y 17 años, trabajan (CGR, 2014). Cómo si fuera poco, 2 mil 870 adolescentes, de entre 13 a 18 años de edad, fueron detenidos por varios delitos, desde enero hasta el 31 de agosto de este año.
¿Qué está pasando? Algunos no tienen un modelo a seguir y crecen en un ambiente violento. Llevados por la necesidad, por emociones erróneas e impulsados por las malas decisiones, cometen actos delictivos que los conducen a la privación de su libertad. Muchos los juzgamos, pero ¿realmente sabemos los motivos que los llevaron a ese punto?
Gracias al Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana 2019 (LLAC), diez jóvenes, preocupados por la situación de los chicos, por testimonios de los residentes del Centro de Custodia “Arco Iris” en las Mañanitas, por la necesidad de llevar educación a todos los rincones del país, creamos “Dame un Chance”
Somos un grupo que busca fortalecer la inteligencia emocional de los chicos privados de libertad, basados en el desarrollo de 4 ejes: autoconciencia, autorregulación, empatía y habilidades sociales. Son diez talleres, avalados por un psicólogo y un psiquiatra, que desarrolla el correcto abordaje de las emociones, dirigido a los estudiantes privados de libertad.
Creemos firmemente que la inteligencia emocional es un pilar fundamental en el desarrollo del ser humano. Algunos se atreverán a afirmar que “son privados de libertad por algo”, y que no merecen ayuda de ningún tipo. Creemos lo contrario: todos tenemos derecho a una segunda oportunidad.
Quiénes más que los jóvenes, para ayudar a la juventud a crear conciencia de la toma de decisiones responsables, enseñar a “pensar antes de actuar”, y controlar las emociones que todos, como personas, vivimos diariamente, ¿Quiénes mejor que nosotros para compartir que ninguna emoción es mala y hace débil a nadie?
En el centro y en los lugares menos pensados, hay chicos inteligentes y con talento. Es tiempo de actuar, de mostrar a la juventud que no hay límites para llevar la educación a todos. Solo falta determinación y ganas de lograrlo. Esos chicos tienen el sueño de salir de su detención, finalizar la escuela, ser exitosos e, incluso, por qué no, formar una familia. Nosotros tenemos metas similares. Entonces, ¿acaso no tienen derecho a los sueños? ¿Por qué los dejamos atrás? ¿Tenemos derecho? Promovamos una sociedad que no juzga, que rehabilita y da respuestas. Solo así nos encaminaremos por la ruta correcta.
La autora es egresada del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana