El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el 18 de noviembre de 2024, a través de sus redes sociales, que declarará el estado de emergencia inmediatamente después de asumir la presidencia. Según sus declaraciones, implementará medidas drásticas para deportar a inmigrantes indocumentados y adoptará una línea dura contra el tráfico de drogas en América Central y del Sur. Sin embargo, analistas sugieren que el verdadero objetivo de estas políticas apunta al presunto papel oculto de China en el narcotráfico.
Investigaciones de la DEA y del gobierno mexicano han señalado intentos de China por establecer una cadena completa de producción y distribución de drogas en América Latina, utilizando el suministro de sustancias químicas y el blanqueo de dinero en colaboración con redes criminales. Este fenómeno no solo amenaza la seguridad interna de Estados Unidos, sino que también agrava la inestabilidad en países centro y sudamericanos. Pero ¿cómo se vincula China a este tráfico transnacional de drogas y cuáles son sus implicaciones para la región?
Acusaciones contra China sobre precursores químicos ilegales
En marzo, el investigador Peter Schweizer afirmó en una entrevista con Fox Radio que las ventas de drogas desde China a las Américas estarían siendo facilitadas por la mafia conocida como la Banda del Bambú. Según Schweizer, esta organización opera bajo instrucciones del gobierno chino y exporta precursores de fentanilo a cárteles y laboratorios en América Latina, desde donde se distribuyen a todo el continente, especialmente a Estados Unidos.
Aunque el gobierno chino clasificó el fentanilo como sustancia controlada en 2019, un informe de la Cámara de Representantes de Estados Unidos concluyó que Beijing incentiva a los fabricantes mediante subvenciones políticas. Las fábricas en China producirían precursores químicos, dejando el procesamiento y distribución en manos de organizaciones criminales, como la Banda del Bambú. Además, estas sustancias se comercializan en internet, disfrazadas de analgésicos legítimos, con ciudadanos chinos que desconocen estar participando en actividades ilegales.
El exdirector de la DEA, Raymond P. Donovan, declaró ante el Congreso en abril de 2024 que muchas de estas empresas químicas están vinculadas al Partido Comunista Chino. Según su testimonio, representantes de estas compañías mantienen reuniones clave con funcionarios del Partido, lo que apunta a la implicación estatal en este tráfico ilícito.
La respuesta china y su impacto regional
El gobierno chino niega estas acusaciones y las califica como intentos deliberados de desacreditación. Pese a sus esfuerzos declarados de colaborar con autoridades antidroga en México y Estados Unidos, el flujo de fentanilo desde China persiste, impulsado por un mercado lucrativo y la presión económica interna en el gigante asiático.
China emplearía diversas tácticas para evitar ser detectada: desde el contrabando tradicional con la Banda del Bambú hasta el envío de precursores disfrazados de productos legales, que luego son procesados en plantas de destino. Puertos como el de Shanghai y, más recientemente, el de Chancay en Perú —construido con ayuda china—, son señalados como nodos clave en esta red.
Además, empresas como WuXi PharmaTech, de capital estatal, han sido mencionadas por el Congreso estadounidense por operar como fachada para actividades ilícitas.
Observaciones finales
El uso de canales legales para camuflar actividades ilegales es una estrategia que China ha empleado históricamente. Sin embargo, esta táctica no solo beneficia sus intereses económicos y geopolíticos, sino que también siembra inestabilidad en los países involucrados.
En América Latina, estas prácticas podrían fomentar regímenes corruptos y fortalecer organizaciones criminales, creando un círculo vicioso de violencia e inseguridad. Experiencias previas en Asia —como en Japón, Corea y Taiwán— sugieren que los países que caen bajo esta influencia enfrentan crisis económicas y sociales graves.
Aunque China extiende lazos de cooperación a América Latina, sus acciones en el trasfondo generan desconfianza. Tanto Estados Unidos como países asiáticos han alzado la voz frente a las crecientes ambiciones chinas. Las pretensiones ocultas de China pueden ser incluso mayores de lo que creemos.
El autor es estudiante de doctorado en el Instituto de Asuntos Internacionales y Estudios Estratégicos de la Universidad Tamkang.