Sarajevo, la capital de Bosnia-Herzegovina, tantas veces víctima de la insensatez y el horror, sigue en su proceso de sanación, esta vez de la mano de un estudio de arquitectos panameños.
Fundada por los otomanos en el siglo XV y construida a orillas del río Milyasrka, Sarajevo fue poblada por personas de diversas religiones, lenguas y culturas, que hicieron de la ciudad un sitio muy peculiar. Allí están dando testimonio de ello los diversos barrios de judíos, católicos y musulmanes construidos en las laderas de las colinas que rodean la ciudad, así como la cercanía en que se encuentran la catedral del Sagrado Corazón (católica), la catedral de la Natividad (ortodoxa), la mezquita Ferhadija y la sinagoga Sefardí.
Al formar parte del imperio austro-húngaro en el siglo XIX, la ciudad pasó a ser el lugar donde se probarían las mejoras urbanísticas que más tarde se harían en Viena, la capital del imperio. Por ejemplo, la ciudad tuvo el primer tranvía eléctrico en 1885, un método de transporte público aún en uso.
En esa época, la ciudad atrajo a arquitectos e ingenieros occidentales que imprimieron su huella moderna en la ciudad, convirtiéndola en una mezcla única de la antigua ciudad otomana con sus vibrantes mercados, bazares, cafés, y la arquitectura occidental contemporánea, como el art nouveau o el modernismo europeo.
Pero esa posibilidad de vivir en paz entre diferentes se ha visto a prueba muchas veces, la última de ellas entre 1992 y 1995, cuando ocurrió una de las guerras más crueles de la historia reciente. La guerra de Bosnia dejó unos 120 mil muertos y la destrucción de la ciudad, así como testimonios de espanto sobre el odio y la crueldad humana.
Durante el sitio de Sarajevo, las fuerzas serbias que rodearon la ciudad bombardearon varias veces los edificios y cometieron atrocidades durante los combates. Por ello, la mayoría de los parques son ahora cementerios que recuerdan el asedio y los muertos.
Ahora, en ese proceso de reconstrucción que continúa, la municipalidad de Sarajevo y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo impulsaron un concurso internacional para diseñar un espacio público en el parque Hastahana. Un concurso abierto a todas las nacionalidades, evocando la vieja tradición de la ciudad.
El concurso internacional solicitaba la transformación de un espacio público que había albergado un hospital en la época otomana, que fue usado como hospital militar yugoslavo en 1960 y que se utilizó como huerto durante el asedio de Sarajevo.
Teniendo en cuenta el horror sucedido durante la guerra de Bosnia, el estudio de diseño y arquitectura panameño Isturaín + Sam se presentó al concurso con un proyecto que denominó “Salvia-Espacio de sanación y regeneración de la ciudad de Sarajevo”.
El proyecto se basó en una antigua creencia de los habitantes de Sarajevo, que atribuye a la planta de salvia saludable el significado de que todo va bien. En sentido contrario, una planta de salvia marchita indica que las cosas están mal.
Con esto en mente, el proyecto plantea ese proceso de sanación que viven aún los habitantes de Sarajevo con un parque que incluye un anfiteatro con techo verde, así como un jardín para plantas de salvia como punto de encuentro.
Se propuso también aumentar considerablemente el área verde, sembrar unos 100 árboles y la creación de jardines. Y como todo proyecto sensato y responsable frente a la crisis climática que vive el planeta, se incluyó un sistema de retención de agua de lluvia.
El proyecto del equipo panameño compitió con otras 79 propuestas, que fueron evaluadas por un jurado internacional. Finalmente, los tres finalistas se sometieron a un proceso de votación por parte de los habitantes de Sarajevo. ¡Qué ejemplo de transparencia y participación ciudadana!
Y esto me lleva inevitablemente a comparar con lo que tenemos por estos lares, donde el alcalde capitalino José Luis Fábrega sigue en su determinación de construir su mercado de mariscos, a pesar de los procesos judiciales que tienen detenida la obra y la abierta oposición de los ciudadanos. Una visita a Sarajevo para ver cómo funciona un municipio y lo importante de la transparencia sería útil.
También sería útil que el señor alcalde buscara los informes, proyectos y planes que dejó preparados la Dirección de Planificación Urbana durante la administración municipal de José Blandón, ya que su subdirector, Jòse Isturaín, es justamente el arquitecto que ganó el concurso de Sarajevo. Imagine, señor alcalde, toda la creatividad que usted ha desperdiciado.
Entre los documentos que urge recuperar está la Guía de Desarrollo Urbano, elaborada por el equipo en el que participó Isturaín. Se trata de un documento que necesita a gritos la Dirección de Ingeniería, si es que le importa un poco esta ciudad.
Jòse Isturaín y el equipo que ganó el concurso del Parque Hastahana son panameños, pero en Sarajevo eso solo será una nota al margen. Lo que importa, y mucho, es su capacidad, profesionalismo y conocimiento. Tenemos tanto que aprender.
La autora es presidenta de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana, TI Panamá.