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‘Dilexi te’ de León XIV: continuidad viva de la doctrina social

‘Dilexi te’ de León XIV: continuidad viva de la doctrina social
El papa León XIV pidió este sábado reflexionar sobre los "tantos países y pueblos que tienen hambre y sed de justicia, porque sus condiciones de vida son tan injustas e inhumanas que resultan inaceptables", en el discurso que pronunció en la plaza de San Pedro ante los miles de peregrinos llegados a Roma para el Jubileo. EFE/Simone Risoluti/Dicastero

Dilexi te, la primera exhortación de León XIV, no inaugura una doctrina nueva: profundiza en una corriente centenaria que arranca con León XIII y Rerum Novarum (1891) y continúa en los sucesivos papados. El hilo es consistente: la dignidad del trabajo, el destino universal de los bienes, la prioridad del bien común y una ética de la solidaridad que desenmascara la “ley del más fuerte”. León XIV asume esa continuidad y, como Francisco, insiste en una “Iglesia pobre y para los pobres” y en una ecología integral que une el clamor de la tierra con el de los pobres.

Las propuestas pueden leerse en seis claves:

(1) Conversión y caridad concreta: la fe se verifica en gestos y presupuestos que alivian sufrimientos reales; la diakonia (servicio o ministerio) es cuidar a los demás, arraigada en el servicio compasivo de Jesús.

(2) Causas estructurales: no basta con asistir; hay que remover desigualdades, la informalidad, la violencia y la cultura del descarte.

(3) Migraciones: cuatro verbos —acoger, proteger, promover e integrar— articulan la hospitalidad con reglas claras y oportunidades reales.

(4) Mujer y pobreza: prioridad a la protección frente a la violencia, al acceso a ingresos y al liderazgo efectivo.

(5) Bienes y bien común: revalidar la función social de la propiedad; lo propio también sirve a los demás.

(6) Sujetos, no objetos: participación real de los pobres en el diseño de políticas (trabajo, tierra y techo) y voz profética de todo el Pueblo de Dios.

El contexto de los primeros meses de pontificado confirma esa brújula. León XIV ha privilegiado la unidad interna de la Iglesia —reuniéndose con críticos conservadores— y, a la vez, ha apoyado a ministros que acompañan a personas LGBTQ+. Defiende una visión integral de lo “provida”: incoherente es proteger al no nacido y desentenderse de la pena de muerte o del maltrato a los migrantes. Impulsó una “Misa por el Cuidado de la Creación”, denunció la devastación ambiental y nombró mujeres en responsabilidades de gobierno. Su tono, más cauto que el de Francisco, converge en prioridades sociales y pastorales que beben de la misma fuente.

Las reacciones son previsibles: algunos objetan su énfasis ecológico o su cercanía pastoral a católicos LGBTQ+; otros celebran que no se deje encasillar en etiquetas. Más allá de las polémicas, Dilexi te no es un manifiesto partidista: es un mapa que armoniza mística y reforma mediante un método —mirar a los últimos, analizar causas, decidir con los afectados en el centro, tejer alianzas y evaluar con datos— para que la caridad se haga política del cuidado sin perder su identidad teologal.

Si la fuerza histórica de la doctrina social se mide por su capacidad de inspirar libertades y reformas, la misión de León XIV —primer pontífice norteamericano y peruano— podría adquirir relieve frente a los excesos antimigratorios, las tendencias autoritarias y las expresiones de crueldad rampante que contaminan la vida pública de su país natal. No se trata de intervenir en disputas, sino de reavivar, con autoridad moral, un consenso básico: la inviolable dignidad de cada persona, la primacía del derecho sobre la fuerza y la hospitalidad como prueba de civilización.

Hace cuatro décadas, el pontífice polaco Juan Pablo II denunció con valentía las opresiones del régimen comunista totalitario de su patria y, con un mensaje de libertad y justicia, ayudó a abrir grietas que derribaron muros. Salvando las diferencias históricas, el paralelo sugiere un horizonte: una palabra pastoral firme —en defensa del migrante, de la verdad, de la legalidad, de la compasión, de la justicia social y del bien común— que convoque conciencias, sane polarizaciones y devuelva a la política su vocación de servicio.

En continuidad con León XIII y Francisco, Dilexi te ofrece la gramática para ese testimonio: dignidad, solidaridad, destino universal de los bienes, cuidado de la casa común y centralidad de los pobres, y podrá evaluarse por una sola medida evangélica: que nadie quede fuera de la mesa compartida.

El autor es médico salubrista.


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