Dicen que la información es poder. Sin embargo, si lo investigado va en contra de los intereses de los que se creen poderosos, la información, aquella que sirve para hacer las cosas bien, para no equivocarnos, para beneficiar a las mayorías, puede quedar reducida a un montón de palabras, cifras y propuestas, recogidas en un documento que acumule polvo en algún anaquel de un despacho oficial.
Este podría ser el caso del Estudio Integral de actuaciones de mitigación de inundaciones en la cuenca del río Juan Díaz, realizado por técnicos del Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria, España, donado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a Panamá –a todos los panameños-, y entregado al Municipio capitalino en octubre de 2016.
Las recomendaciones producidas tras meses de investigación, análisis de datos y contraste de información con especialistas holandeses que tanto saben de inundaciones, para enfrentar el complejo problema de las crecidas del río Juan Díaz, parece que no le gusta al secretario de Metas del Gobierno Nacional, Jorge González.
Por eso, ignorando el caudal de información científica y técnica, así como el concepto de descentralización que debía ser el primero en respetar, decidió llamar a otros técnicos, para que le hicieran una propuesta que encajara con los 8 millones de dólares que parece que tiene disponible para hacer el paripé de que resolverá las inundaciones en Juan Díaz.
El resultado de tamaño sinsentido es la licitación que avanza de espalda al conocimiento, y que propone canalizar el río Juan Díaz hasta su desembocadura, ignorando que se trata de un área de manglares protegida.
Trato de entender tanta insensatez, tanto desperdicio de recursos, pero no puedo. Ya sé que el costo de realizar la compleja red de soluciones propuestas por los técnicos internacionales junto a la especialista local, la Dra. Haydee Osorio, es de 50 millones de dólares; pero también sé que la Alcaldía propuso segmentar el proyecto para ejecutarlo poco a poco.
A diferencia de la solución mágica de la canalización elegida por el secretario de Metas, los técnicos pagados por el BID proponen una compleja red de estructuras para atender los diferentes problemas que enfrenta el río a su paso por las áreas urbanizadas. Se trata de soluciones surgidas del análisis de rigurosas mediciones de los caudales del río en diferentes momentos de la temporada lluviosa.
Las obras pensadas para un área de gran vulnerabilidad ,debido principalmente a la irresponsable destrucción del entorno natural con rellenos y urbanización desordenada, incluyen presas de regulación de crecidas y corredores fluviales en la cuenca alta y media del río, embalses para recoger el agua, drenajes, diques de protección, aumento de la capacidad hidráulica del área del corredor Sur, entre otras.
Por arte de magia, la Secretaría de Metas transformó la complejidad de la situación del río Juan Díaz en un asunto sencillo que podía resolverse con una simple canalización que, según el pliego, es lo que se requiere para hacer “lotificaciones y movimiento de tierras”.
Y justo aquí parece despejarse la incógnita de tanto absurdo. ¿Será este el proyecto que esperan algunos inversionistas para poder construir en zonas cercanas al manglar? Lo cierto es que existen varios proyectos con sus respectivos promotores, que esperan agazapados la grieta por donde colarse y evadir las prohibiciones ambientales existentes.
Por el momento, una lectura al acta de la reunión de homologación de la insensata licitación demuestra la falta de claridad de la propuesta. Los representantes de la Secretaría de Metas no pudieron contestar los interrogantes de las empresas participantes sobre la posibilidad de desviar el cauce del río, o la existencia de estudios generales del área, de la calidad del suelo o planos.
Alcanzar una meta sin conocimiento e información es imposible. A ver si lo entienden en la Secretaría de Metas.
La autora es periodista, abogada y presidenta del capítulo panameño de Transparencia Internacional