El pasado sábado, en Roma, Italia, el presidente argentino Javier Milei dio un discurso en Atreju, un evento organizado por las juventudes de Hermanos de Italia, el partido de la primera ministra italiana Giorgia Meloni. Durante su intervención, Milei hizo un llamado a la unión global de la ultraderecha, afirmando: “Hay que ser como una legión romana que se impone a ejércitos más grandes”.
El discurso contiene varios elementos que pueden ser interpretados como señales de intolerancia y autoritarismo, si bien al mismo tiempo también presenta principios de libre mercado, un rechazo a la corrupción, y un llamado a la organización política de sus simpatizantes.

A continuación, mi análisis y comentario sobre algunos puntos clave del discurso:
1. Elementos de intolerancia
• Lenguaje polarizante: El discurso se centra en la idea de una “batalla” entre el bien (representado por su ideología) y el mal (representado por sus opositores, particularmente la izquierda). Frases como “no hay consenso entre el bien y el mal” o “la izquierda es el culto al poder por el poder mismo” no dejan espacio para la negociación ni el diálogo, fomentando una visión maniquea del mundo.
• Rechazo a las opiniones ajenas: Declara abiertamente que “nos importa un rábano la opinión de los políticos” y que no busca consensos porque estos son funcionales a sus adversarios. Este enfoque implica una deslegitimación de cualquier oposición política, lo que puede considerarse intolerante.
• Estigmatización del centro político: Milei caracteriza al centro político como “funcional a la izquierda criminal”, eliminando cualquier posibilidad de una postura moderada. Esto polariza aún más el discurso público y socava la diversidad de ideas dentro del espectro político.
2. Elementos de autoritarismo
• Concentración del poder: Frases como “los espacios de poder que no ocupamos nosotros los ocupa la izquierda” y su insistencia en la necesidad de “ser implacables” refuerzan una narrativa en la que el control absoluto del poder es visto como esencial para su éxito político. La comparación con legiones romanas y la frase “Roma no paga traidores” alude a una estructura rígida y jerárquica donde no hay espacio para disenso interno.
• Rechazo a la negociación: Su postura de no negociar sus ideas bajo ninguna circunstancia —incluso para formar alianzas— refleja una visión inflexible del ejercicio del poder. Este enfoque puede resultar autoritario si se traduce en la imposición unilateral de políticas sin considerar las voces disidentes.
• Militarización del lenguaje: Milei utiliza constantemente metáforas bélicas y de combate, como “la única forma de derrotar al adversario es con una fuerza mayor” o “si nos toca recibir un golpe, debemos responder con tres”. Este tono puede interpretarse como una justificación para el uso de tácticas agresivas en la política.
• Mensajes ideológicos y polarizantes. Construcción de un enemigo colectivo: El discurso demoniza al “socialismo” y lo vincula con pobreza y crímenes masivos (“150 millones de asesinatos”).
• Superioridad moral e intelectual: Milei afirma que “somos mejores en todo” y que sus adversarios “van a perder contra nosotros”. Este tipo de afirmaciones refuerzan un sentido de supremacía que podría derivar en prácticas excluyentes hacia quienes no comparten su visión.

Conclusión
El discurso combina elementos que podrían inspirar a sus seguidores, como la defensa de la libertad, la propiedad privada y el libre mercado, con otros que claramente tienen un tinte autoritario e intolerante. Su lenguaje belicoso, su visión polarizante de la política y su rechazo al diálogo o al consenso son señales de alerta sobre su estilo de liderazgo.
Aunque Milei se posiciona como un líder antisistema y disruptivo, estas características podrían derivar en un peligroso debilitamiento de las instituciones democráticas y en la exclusión de voces disidentes dentro de su propio país.
Los importantes logros alcanzados durante el primer año de su gobierno en el ámbito económico —como la reducción de la inflación y del gasto público, el superávit fiscal, la revalorización del peso y la caída del riesgo país—, junto con el alto nivel de popularidad que mantiene (superior al 50%) pese a las duras medidas de ajuste, no le otorgan a Milei un cheque en blanco para avanzar con un estilo agresivo y confrontacional. Su visión maniquea y ultrapersonalista lo lleva a tratar como enemigos a quienes piensan distinto o simplemente discrepan con sus métodos y estilo de gobierno.
Según una encuesta reciente de Poliarquía, el 71% de los argentinos rechaza este enfoque, que incluye descalificaciones a sectores de la oposición, periodistas y medios, así como un abierto desprecio por la institucionalidad. Ejemplo de esto es su intento de nombrar a dos jueces en la Corte Suprema de Justicia por decreto, en flagrante violación de la Constitución.
En el ejercicio del poder, Milei se asemeja cada vez más al estilo de Bukele: una “eficracia autoritaria” que, si bien ofrece resultados, polariza profundamente a la sociedad, busca concentrar un poder excesivo en el Ejecutivo, debilita la división de poderes, descalifica a sus críticos, gobierna al filo de la Constitución y, en última instancia, erosiona tanto el Estado de derecho como la democracia.
El desafío de Milei radica en demostrar que es posible ofrecer soluciones efectivas y democráticas, sin recurrir a atajos autoritarios, para enfrentar los problemas que afectan a la democracia.
A diferencia de lo que afirma el mandatario con frases como “me importan un carajo las buenas formas”, estas sí importan, y no solo como una cuestión de protocolo o estética, sino porque las formas son una manifestación del respeto por las reglas del juego democrático.
Reducir la inflación en una sociedad como la Argentina es un logro significativo, pero no lo es todo. La democracia y la República son pilares fundamentales que deben preservarse con igual determinación y esfuerzo.
El autor es Global Fellow, Wilson Center @zovatto55