La brutal golpiza que sufrió Estrella a plena luz del día fue filmada por unos desalmados que no hicieron más que alimentar el morbo, anestesiados ante la conducta aterradora, meros espectadores de un acto de barbarie. Nos regresó la esperanza en la humanidad, un grupo de jóvenes estudiantes quienes pudieron neutralizar al violento hombre responsable de la desgarradora escena dantesca. Los jóvenes no son solo el futuro, también son el presente digno, nuestro más egregio reconocimiento por ese acto de humanidad.
Repudiamos todo acto de violencia que atente contra la dignidad de las personas. La Declaración Universal de los Derechos Humanos plantea que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Bajo ese principio debe regirse nuestro comportamiento. Nada justifica por la razón que fuere, atentar contra la integridad de otra persona. La dignidad de una persona es inalienable, eso tenemos que entenderlo.
La Constitución Política de la República de Panamá, en su artículo 19, señala: “No habrá fueros o privilegios ni discriminación por razón de raza, nacimiento, discapacidad, clase social, sexo, religión o ideas políticas”. Y, así sucesivamente, la Ley 16 del 2002 señala: “La prohibición de cualquier acto que denote alguna discriminación, exclusión, restricción o preferencia basada en el color, la raza, el sexo, la edad, la religión, la clase social, el nacimiento, las ideas políticas o filosóficas, o que menoscabe el goce o ejercicio de los derechos fundamentales consagrados en la Constitución Política, así como de los derechos previstos en Convenios Internacionales de Derechos Humanos o en documentos que tengan como finalidad promover el desarrollo de la dignidad del ser humano”.
A pesar de todo esto, Estrella estuvo indefensa en ese momento, su cuerpo fue bestialmente golpeado. Este acto de barbarie contra una chica trans nos debe llevar a reflexionar como sociedad que, si bien queremos una sociedad distinta, entonces tenemos que hacer las cosas diferentes. En ese sentido, ¿qué estamos haciendo como sociedad? Se hace ineludible un trabajo colectivo profundo de sensibilización.
Esperamos justicia para Estrella ante ese acto de barbarie grotescamente grabado a la luz del día y al frente de todos como meros espectadores de la miseria humana. No perdamos la esperanza de una política del amor ante el odio.
El autor es doctor en filosofía