Nadie se lo ha inventado. Ni los medios, ni el Meduca, ni los críticos de Etelvina Medianero de Bonagas. La rectora presentó su renuncia el 11 de mayo y, acto seguido, reclamó lo correspondiente a sus prestaciones económicas.
Pero, en un acto casi teatral, el Consejo General Universitario que ella preside —y al que ha mimado con salarios exorbitantes pagados con impuestos ciudadanos— decidió que debía permanecer en el cargo, como si fuera un mesías intocable. Con 29 votos a favor, 12 abstenciones y tres en contra, este organismo ignoró la renuncia presentada formalmente ante el Meduca, burlándose de la ley y de las autoridades.
La decisión revela una estructura de poder que privilegia intereses internos sobre la legalidad y la ética institucional. La autonomía universitaria no fue concebida para proteger este tipo de prácticas; lo que ella hizo fue escudarse en esta figura para aupar un statu quo irregular, lejos de los fines para los que fue creada.
Aquí, sin menoscabo de las investigaciones que adelantan la Contraloría y el Ministerio Público, toca aplicar el mismo libreto usado para reelegir a Etelvina y reformar la Ley de la Unachi. Ahora le corresponde a la Asamblea Nacional decidir cómo desmontar este modelo que ha terminado por trastocar la educación superior pública.

