Cada país debería trabajar en potenciar el talento de los jóvenes. Siento que vivimos en una sociedad dormida y que no estimula lo suficiente las habilidades de los jóvenes. Solo sabemos y asumimos que son capaces y talentosos, pero, ¿realmente los estamos retando?
Siento que hoy día todo la información y muchos recursos se encuentran a la mano de la juventud; sin embargo, debe haber mayor guía y asesoría. Si en Panamá no hay suficiente motivación y oportunidades de crecimiento, las personas con potencial y capacidades buscarán fuera de su país.
Mi opinión está dividida. Por haber estudiado en el extranjero una maestría de recursos humanos, pude haberme quedado en Estados Unidos, desarrollando una carrera profesional. No lo hice porque consideré debía retornar de alguna manera los beneficios de haber estudiado fuera a través de una beca. Pensé en mi país. No obstante, es un orgullo cuando personas talentosas pueden explotar su potencial y hacer la diferencia en otras latitudes, creciendo y formándose en un ambiente con recursos de vanguardia y diferenciadores.
Es importante reconocer que la fuga de cerebros puede tener un impacto negativo en los países de origen. Cuando profesionales altamente capacitados abandonan su país, se pierde su conocimiento y experiencia, lo que puede afectar el desarrollo y la competitividad de la nación. Además, la inversión en educación y formación de estos profesionales también se pierde. En algunos casos, la fuga de cerebros puede crear una brecha en ciertos sectores, como la medicina o la investigación científica, lo que dificulta el avance y la innovación en esas áreas.
La fuga de cerebros puede verse estimulada por la falta de empleo, de inversión en investigación y desarrollo, de infraestructuras adecuadas o a la inestabilidad política y económica. Además, las condiciones de trabajo y las remuneraciones pueden ser más atractivas, lo que incentiva a buscar oportunidades en el extranjero.
Para abordar la fuga de cerebros, es fundamental implementar políticas que promuevan el desarrollo y la retención de talento. Esto implica invertir en educación y formación de calidad, mejorar las condiciones laborales y crear oportunidades atractivas. Además, fomentar la colaboración entre instituciones académicas y empresas para impulsar la investigación y la innovación en el país.
En resumen, la fuga de cerebros es un fenómeno complejo que tiene implicaciones positivas y negativas. Si bien los países receptores se benefician de la llegada de profesionales altamente calificados, los países de origen pueden experimentar una pérdida de talento y conocimiento. Es necesario implementar políticas integrales que promuevan el desarrollo y la retención de talento en los países de origen, al tiempo que se fomenta la integración y la transferencia de conocimientos en los países receptores. Solo a través de un enfoque equilibrado y colaborativo se podrá minimizar el impacto negativo y aprovechar el potencial de profesionales capacitados.
La autora es coordinadora educativa y escritora