El reciente cambio de perspectiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre las políticas fiscales internacionales abre un nuevo capítulo en su enfoque hacia la política exterior y la economía global al instruir a sus funcionarios para que elaboren medidas de represalia contra países que aplican impuestos “extraterritoriales” a empresas multinacionales estadounidenses. Este movimiento, que pone en jaque la cooperación fiscal internacional, genera preocupación ante una posible guerra económica de grandes proporciones.
¿Qué significa “impuestos extraterritoriales”?
Es esencial entender el concepto de “impuestos extraterritoriales” para dimensionar esta situación. Algunos países europeos han comenzado a gravar a las grandes tecnologías, como Amazon, Google y Facebook, por las ventas que generan en sus territorios, incluso si estas empresas no tienen una presencia física en ellos. Trump considera que estas políticas lesionan la soberanía fiscal de Estados Unidos y perjudican a sus empresas. En este contexto, también se encuentra el impuesto mínimo global, cuya implementación busca una mayor equidad fiscal en el ámbito internacional.
La decisión de Trump y sus implicaciones
La decisión de Trump de apartarse de los compromisos alcanzados durante la administración anterior en el marco de un acuerdo global de la OCDE refleja su estilo pragmático y, a menudo, impredecible. Mientras muchos países buscan reglas fiscales que nivelen las condiciones para sus economías, especialmente en el sector digital, la postura de Estados Unidos muestra una clara intención de proteger sus intereses corporativos, incluso a costa de comprometer la colaboración internacional.
El acuerdo original de la OCDE proyectaba una recaudación adicional de 192 mil millones de dólares anuales, garantizando que las grandes corporaciones contribuyeran equitativamente en los países donde obtienen ingresos. Sin embargo, el rechazo de Trump a este marco subraya cómo el nacionalismo económico puede dificultar los esfuerzos por alcanzar un consenso global.
Un “listado de opciones para medidas de protección”
El desarrollo de un “listado de opciones para medidas de protección” en un plazo de 60 días podría sentar un precedente peligroso, motivando a otros líderes a adoptar posturas proteccionistas. Esto podría desembocar en una espiral de represalias económicas. Por ejemplo, si Estados Unidos aplica aranceles a productos de países que gravan a sus empresas tecnológicas, estos países podrían responder con tarifas propias, intensificando las tensiones y afectando a consumidores y empresas de todas las regiones.
La expansión de la “guerra económica”
Lo que parece ser una disputa fiscal trasciende este ámbito y se perfila como un cambio en las relaciones económicas internacionales. Según Allie Renison, especialista en políticas comerciales, lo que presenciamos es una expansión de la “guerra económica”, donde las tensiones afectan los sistemas fiscales y las economías nacionales. La creciente confrontación entre Estados Unidos y la Unión Europea respecto a los impuestos digitales es un ejemplo evidente. Si Estados Unidos toma medidas punitivas contra productos europeos, la Unión Europea podría verse forzada a realizar ajustes legales, evitando así una guerra comercial.
Consecuencias potenciales y la necesidad de cooperación
El enfoque unilateral de Estados Unidos en la fiscalidad internacional podría generar efectos devastadores. Las grandes empresas tecnológicas parecen influir significativamente en esta estrategia, lo que desestabiliza el panorama de inversiones y dificulta la toma de decisiones empresariales. Por ejemplo, empresas que planeaban expandirse en Europa podrían replantearse sus estrategias ante un entorno hostil.
Hacia un nuevo orden fiscal internacional
Frente a este escenario, surge una inquietante pregunta: ¿estamos ante el surgimiento de un nuevo orden fiscal internacional basado en la unilateralidad y el proteccionismo? Las respuestas tendrán un impacto profundo en la estabilidad económica global y en la cooperación internacional. La posibilidad de una guerra fiscal desafía las fronteras de lo imaginable.
En conclusión, el panorama fiscal global enfrenta un momento decisivo. Una coordinación internacional efectiva y un compromiso genuino hacia un sistema fiscal más justo son imprescindibles para evitar que el proteccionismo y la hostilidad económica se conviertan en la norma. La colaboración entre naciones no solo permitirá proteger los intereses económicos individuales, sino que también garantizará un sistema más equitativo y sostenible en beneficio de todos.
El autor es Country Managing Partner – EY.