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Lactancia materna, racionalidad y ética

Señalo que, durante toda mi práctica de la Medicina Neonatal y de la Pediatría, he sido un promotor claro y alto de los beneficios de la leche materna y, mejor, de la lactancia materna, basado en hechos descubiertos y conocidos con evidencia científica. La amorosa relación madre e hijo que favorece y engrandece la lactancia materna, tiene una repercusión envidiable en el desarrollo cognitivo, emocional y psicológico del niño. El valor nutricional e inmunológico de la leche materna durante los primeros meses de vida del niño es esencial para que -en un período de alta exposición y vulnerabilidad a las enfermedades infecciosas- alcance desarrollo y crecimiento óptimos.

Aprovecho la oportunidad para señalar que no es lo mismo lactancia materna que alimentación con leche materna. La lactancia materna establece una relación tierna y cálida del niño en el regazo de la madre mientras se alimenta de los pechos de ella y a través del contacto íntimo de sus pieles, que no siempre ocurre con otra forma de alimentación. La lactancia materna requiere como elemento esencial, el abrazo de la madre con su hijo.

Desde años atrás, la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomendaba la alimentación exclusiva con leche materna durante los primeros seis meses de vida. En 2001, la Organización Mundial de la Salud (OMS) amplió esta recomendación, sugiriendo prolongar la lactancia materna más allá del primer año de vida. La AAP acogió esta directriz y recomienda mantener la lactancia materna hasta, al menos, los dos años de edad.

A pesar de estas recomendaciones, en 2002 se reportó que el 70% de las madres estadounidenses iniciaban la lactancia materna en el hospital, pero solo el 33% de los niños seguían recibiendo leche materna a los seis meses.

Un estudio en 2010, sobre el efecto de políticas en el trabajo para proveer protección materna para las madres que lactaban, reveló una mejor probabilidad de alimentar a su bebé del pecho materno y por más tiempo para regresar al trabajo 4-6 meses más tarde. Sin embargo, estos hallazgos solo se observaron en madres con mayor educación, lo que sugería otros factores condicionantes de este comportamiento. En 2021, aproximadamente el 85% de los niños estadounidenses iniciaron la lactancia materna. Sin embargo, entre los niños negros, el 75% no recibía leche materna. Este fenómeno se ha observado en otras regiones y países.

Diversos factores contribuyen a estas cifras, entre ellos, las obligaciones laborales de las madres lactantes. Como respuesta, en diciembre de 2022 se promulgó la “PUMP Act” (Ley para Proveer Urgente Protección Materna para las Madres Lactantes).

En 2010, Indonesia pasó una ley mediante la cual se le daba el derecho a los niños a ser alimentados exclusivamente con leche materna por los primeros 6 meses de edad, con la excepción de casos donde la condición médica no permitía a las madres cumplir con esta ley. Las madres que no cumplían con lactar a sus hijos de esta forma se enfrentaban a un año de cárcel o a una multa de 100,000 rupias, cerca de 10 mil dólares, para entonces. Hace 9 años, un análisis de la OMS revelaba cifras relevantes del beneficio de la alimentación con leche materna, de lograrse la universalidad ideal: salvar la vida anualmente a más de 820,000 niños de menos de 5 años de vida y 20,000 mujeres, sumar 300 mil millones de dólares a la economía global cada año, basado solamente en la ganancia a nivel cognitivo, de estos niños alimentados con leche materna exclusivamente por sus primeros 6 meses de vida.

En mayo de 2016, la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicaba que las leyes para proteger la lactancia materna eran insuficientes en un número importante de países. Se dirigió la acción al mercado de las fórmulas para la alimentación de los bebés. De 194 países analizados por 3 organizaciones relacionadas con la salud y la alimentación, 135 tenían en su haber “alguna forma de medidas legales relacionadas con el Código Internacional del Mercadeo de Sustitutos de la Leche Materna”. Mediante este código se hacía un llamado a los países para la protección de la lactancia materna a través de la prohibición del “mercadeo inapropiado” de los sustitutos de la leche materna, el uso de biberones y chupetes, la promoción de fórmulas a través de regalos al personal de salud hospitalario, la distribución gratuita de la primera mamadera de fórmula y la entrega de panfletos para las familias sobre la alimentación del bebé, entre otras cosas.

En mi opinión, una iniciativa de salud pública tiene mucho más riesgo de fracasar si se basa en prohibiciones que si es propositiva. Si se trata de promover la lactancia materna o la alimentación con leche materna, ¿por qué tiene que hacerse en base a prohibiciones? ¿Acaso no son suficientes los numerosos beneficios probados sobre ello? ¿Acaso, no tiene valor alguno la experiencia o la inexperiencia de la mujer lactante, el conocimiento o desconocimiento sobre la lactancia que tiene la madre? ¿Cuándo se da consideración a las restricciones sociales de la familia, al tamaño de ella, a su acceso a los servicios de salud, a su propio estado nutricional? ¿Se consideran acaso la clase social, la educación, la cultura, la etnia, la raza, la orientación sexual de la madre? ¿Por qué sugerir el calificativo de “buena madre” o “mala madre” para quien opta por la lactancia materna de su hijo u opta por no alimentar de sus pechos a su hijo? ¿Cómo se gana un hospital el adjetivo de “amigo de los niños” porque su personal médico o de enfermería le dice a la mujer recién parida que “aquí tiene a su hijo para que lo ponga al pecho porque si no lo hace se le morirá de hambre, porque aquí no le damos fórmula”?

Incluso, los principios y valores de los Derechos Humanos, son propositivos, la Justicia Social, en primer lugar. La acción policíaca de los funcionarios de salud pública es una que seguro levantará los ánimos contrariados de los ciudadanos. La libertad es una preciada conquista en muchos países, un valor que se cuida y se protege cuando se alcanza y una búsqueda constante en otros. El debate tiene que ser ético. La autonomía de la madre, la justicia social, la equidad y las experiencias emocionales de la mujer que lacta y su niño alimentado están en el escenario del rol de la salud pública.

No pueden apartarse de este teatro los factores que condicionan decisiones propias de los individuos, factores que son estructurales y sistémicos, culturales si se quiere, como lo señala Supriya Subramani. La mujer que alimenta o no con leche de su pecho a su hijo no es la única responsable de la lactancia materna. Es ridículo promover la lactancia materna sin facilitar alimentos, higiene, seguimiento médico. No solo es ridículo, sino que es malvado. La protección de la lactancia materna no es exclusivamente mediante reglamentaciones que excluyen las fórmulas de la infancia, la promoción de la lactancia ha de ser docente y sensata, y el apoyo de la lactancia materna es desde políticas de Estado que reduzcan barreras sociales y económicas discriminatorias.

¿Nos queda aún la libertad? Esa libertad “que se ejerce”, a la que Octavio Paz se refirió con estas palabras: “La libertad no es una filosofía ni una teoría del mundo; la libertad es una posibilidad que se actualiza cada vez que un hombre dice no al poder, cada vez que unos obreros se declaran en huelga, cada vez que un hombre denuncia una injusticia."

Y nos advierte: “Sin libertad, la democracia es tiranía mayoritaria; sin democracia, la libertad desencadena la guerra universal de los individuos y los grupos.”

Me preocupan, y también me ocupan, los aspectos éticos de una normativa que, a mi juicio, no debería convertirse en ley de la república solo para exhibirse en un cónclave sobre lactancia materna. Antes que eso, debería ser una responsabilidad académica de la escuela de Medicina, una enseñanza en las prácticas de obstetricia y pediatría, y, por encima de todo, un compromiso del Estado con la higiene y la salud de sus ciudadanos.

El autor es médico.


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