Uno de los mayores éxitos de la medicina moderna es el desarrollo de los antibióticos o los medicamentos utilizados para tratar las infecciones bacterianas. Como su nombre lo dice, la función de los antibióticos es “ir contra la vida” de microorganismos dañinos, inhibiendo su crecimiento y eventualmente eliminándolos. Esto constituye, desde mi punto de vista, el descubrimiento terapéutico más importante de la historia de la medicina. Lamentablemente, debido a nuestras acciones, la eficacia de estos medicamentos está disminuyendo. Según la Organización Mundial de la Salud, si no se toman medidas ya, en 2050 la totalidad de los antibióticos serán ineficaces para prevenir y tratar enfermedades humanas.
La creciente resistencia a los antibióticos se debe al uso inadecuado y excesivo de estos medicamentos en las personas, pero también en los animales, cuando se utilizan para tratar infecciones o para estimular su crecimiento. Por ejemplo, algunas veces se incluyen antibióticos en los alimentos de animales, de manera que los reciben tanto los enfermos como los sanos; luego nosotros, al consumir animales tratados con antibióticos, los ingerimos también.
Dada la facilidad y la frecuencia con que se desplazan ahora las personas, la resistencia a los antibióticos es un problema de dimensiones mundiales, que requiere esfuerzos por parte de todas las naciones y de diversos sectores.
La resistencia a los antibióticos hace que se incrementen los costos médicos. Usualmente, al presentar una infección bacteriana, los doctores le prescriben al paciente antibióticos de primera línea, por ejemplo de la familia de las penicilinas. De no funcionar este tratamiento inicial, se procede a indicar un medicamento de mayor cobertura frente a bacterias resistentes que, en general, son fármacos más caros. Además, al ser más resistentes las bacterias, más grave se torna la enfermedad, lo que a menudo aumenta el tiempo de estancia en el hospital y, en algunos casos, la mortalidad.
Es necesario que todos colaboremos a mejorar esta situación. Por un lado, los médicos debemos cambiar urgentemente la forma de prescribir y utilizar los antibióticos. En general, debemos prescribir antibióticos solo cuando son necesarios, utilizar el antibiótico adecuado, asegurar la dosis correcta y prescribir solamente por el tiempo suficiente para tratar la infección que padece el paciente, ni un día más y ni un día menos.
En el caso de los pacientes, una de las cosas más importantes que deben evitar es la automedicación; se debe tomar antibióticos únicamente cuando los prescriba un médico. Tampoco deben pedir antibióticos si los médicos explican que no son necesarios, ya que no todas las enfermedades se pueden combatir con ellos. En general, es crucial seguir siempre las instrucciones de los profesionales de salud con respecto al uso de los antibióticos, adhiriéndose siempre a la dosis prescrita y al tiempo de duración del tratamiento. Es importante también recordar que los antibióticos no sirven para tratar infecciones virales como el resfriado común, la influenza o la gripe, por lo que su uso en estas condiciones solo contribuye al problema de la resistencia bacteriana.
Los cambios de comportamiento también deben incluir medidas destinadas a reducir la propagación de las infecciones, a través de la vacunación, el lavado de las manos, evitar el contacto cercano con enfermos, adoptar medidas de protección en las relaciones sexuales (uso de preservativo) y una buena higiene alimentaria, que incluye preparar los alimentos en condiciones higiénicas, para lo cual se puede tomar como modelo las cinco claves para la inocuidad de los alimentos de la Organización Mundial de la Salud:
1. Mantener la limpieza;
2. Separar alimentos crudos y cocidos;
3. Cocinar completamente;
4. Mantener los alimentos a temperaturas seguras; y
5. Usar agua y materias primas inocuas.
Es beneficioso también elegir alimentos para cuya producción no se hayan utilizado antibióticos con el fin de estimular el crecimiento ni de prevenir enfermedades en animales sanos. Para saber si un alimento es libre del uso de antibióticos, podemos buscar etiquetas en el paquete que lo certifiquen como tal. La resistencia a los antibióticos está poniendo en riesgo los logros de la medicina moderna. Además de dificultar la recuperación de ciertas enfermedades, si no disponemos de antibióticos eficaces para prevenir y tratar las infecciones, los trasplantes de órganos, la quimioterapia y las intervenciones quirúrgicas se volverán más peligrosas. La capacidad de las bacterias para resistir los antibióticos amenaza con devolvernos a una época en la que no podíamos tratar fácilmente infecciones respiratorias como la neumonía y la tuberculosis, o infecciones de transmisión sexual como la gonorrea. Debemos preocuparnos, ya que, si no tomamos medidas, lo que nos queda es el retorno a una época en la que las enfermedades que hoy en día están controladas eran culpables de reclamar cientos de miles de vidas humanas. De nada sirve que se desarrollen nuevos medicamentos, si no modificamos nuestros comportamientos actuales.
La autora es pediatra