El terrorismo es un problema mundial que representa una violación constante de los derechos humanos, vinculado con la corrupción, el narcotráfico y otros delitos. Mientras persista, continuará cometiendo atrocidades sin importar quiénes sean sus víctimas ni en dónde se encuentren. Combatirlo no es tarea fácil, ya que los terroristas se escudan cobardemente entre civiles. Por esta razón, las víctimas inocentes que caen en la lucha contra el terrorismo deben atribuirse a los terroristas, no a quienes los combaten.
Benjamín Netanyahu ha sido criticado por su decisión de erradicar el terrorismo en Oriente Próximo y, por qué no, en el mundo entero. Las acciones que coordina desde la primera jefatura de Israel han causado bajas entre civiles, lo que ha generado cuestionamientos. Sin embargo, es inevitable que en los ataques a terroristas haya víctimas inocentes; de lo contrario, dejar a estos grupos actuar libremente resultaría en la muerte de muchos más.
Un ejemplo similar se puede observar en Colombia. Durante su presidencia (2002-2007), Uribe estuvo cerca de derrotar a la guerrilla, pero estos grupos se refugiaron en países con gobiernos afines. Por haber dejado vivos a esos combatientes, Colombia sigue sufriendo la violencia de estos grupos. Si Álvaro Uribe los hubiera perseguido al estilo Netanyahu, hoy serían historia.
El desprecio de los terroristas por la vida humana es aborrecible. A petición de Israel, si los líderes de Hamás entregaran a los rehenes (vivos o muertos), Netanyahu detendría los ataques a Palestina y otros territorios involucrados. Sin embargo, estos continúan escudándose entre civiles y atacando a Israel, agotando la paciencia del primer ministro israelí, quien ha demostrado ser un político de acciones, no solo de palabras.
Para sorpresa mundial, Vladimir Putin ha “ordenado” a Israel cesar la invasión y agresión en Palestina. Sin embargo, observemos: Israel está respondiendo al terrorismo y vengando la invasión, asesinato, violación, muerte y secuestro de israelíes perpetrados por el régimen de Hamás en suelo israelí. Mientras tanto, Rusia invade Ucrania por un mero expansionismo retrógrado y soviético. ¡Un cinismo extremo!
El conflicto, lejos de apaciguarse, sigue intensificándose. Palestina, Líbano e Irán han unido fuerzas contra Israel, y posiblemente detrás de ellos estén Corea del Norte, Rusia y, en cierta medida, China, que siempre sabe sacar provecho de estas crisis. Ya ha obtenido ventajas de Rusia tras su mal calculada invasión a Ucrania y de todas las naciones participantes en los Brics.
El mundo está en una tensa calma. No obstante, al igual que el mal ha ganado terreno en este siglo XXI a través de gobiernos sanguinarios, también emergen gobiernos que defienden la ley, la humanidad y el bien. ¡Confiemos en ellos!
El autor es analista político