En 1954 se realizó el primer trasplante de riñón exitoso en Massachusetts, EU. Desde ese momento, los trasplantes se han consolidado como parte de la práctica médica y del tratamiento curativo del fallo terminal de algunos órganos (hígado, 1963; corazón, 1967; páncreas, 1966; pulmón, 1963; entre otros).
Salvamos y extendemos la vida de adultos y niños, gracias a los avances en la medicina de trasplantes, a los donantes y a los médicos. Desde 1990, los trasplantes tienen un sitio en la medicina panameña, principalmente a través de la Caja de Seguro Social. Actualmente, Panamá realiza regularmente trasplantes de órganos sólidos, incluyendo riñón, hígado y corazón.
Desafortunadamente, no hay suficientes donantes para cubrir la necesidad de órganos. En Panamá, un solo donante puede salvar la vida de, al menos, cuatro pacientes. La voluntad de donar después de la muerte debe ser un tema que se comparta en familia. Lo que queremos ahora es crear una cultura de donación de órganos a través de la educación.
Son varios los factores que hacen que una persona se niegue a donar sus órganos después de la muerte. Creencias personales o religiosas, desconocimiento de los familiares de la voluntad de donación, ausencia de familiares, esperanza de que su familiar regrese a la vida, tristeza por perder a un ser querido y dudas sobre la honestidad de los programas de trasplante. Existen normas éticas estrictas para determinar si una persona puede ser un donante y las más importantes son el diagnóstico de muerte cerebral, la voluntad de ser donante y/o el consentimiento de los familiares.
Como requisito indispensable para que los programas de trasplante tengan éxito, se requieren mejores políticas de educación a la población en temas de salud, para crear conciencia sobre la importancia de la donación de órganos.
La autora es gastroenteróloga y parte de Ciencia en Panamá.