La pandemia de covid-19 cambió drásticamente el panorama económico mundial. Entre sus múltiples efectos, como comenté en mi artículo de la semana pasada, una de las tendencias más notables ha sido el auge del nearshoring, la práctica de acercar la producción a los mercados de consumo, favoreciendo a países de América Latina como México, Panamá y Costa Rica. Sin embargo, con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos en enero de 2025, se perfila un giro hacia una estrategia conocida como reshoring, cuyos impactos podrían alterar nuevamente el equilibrio de la cadena de suministro global.
El nearshoring ha permitido a las empresas reducir riesgos logísticos y enfrentar las vulnerabilidades reveladas durante la pandemia. La proximidad geográfica a los Estados Unidos ha incentivado a muchos fabricantes a expandir operaciones en países latinos, donde los costos laborales son competitivos y los tiempos de envío más cortos. Este movimiento ha impulsado el crecimiento económico regional, creando empleos y fomentando la inversión en infraestructura.
Por otro lado, el reshoring, propuesto como la respuesta política del nuevo gobierno estadounidense a los desafíos de la globalización, busca devolver la producción al territorio estadounidense. La estrategia incluye incentivos para que las empresas reubiquen sus operaciones y la implementación de altos aranceles a productos manufacturados en el extranjero. Este enfoque podría tener consecuencias profundas no solo para la economía estadounidense, sino también para la dinámica económica de América Latina y el mundo.
El nuevo gobierno estadounidense plantea que el reshoring es una solución para la justicia social y la recuperación económica, esperando que incremente la producción local, genere empleos y fomente la inversión en talento humano nacional. Sin embargo, surgen preguntas críticas: ¿puede realmente el reshoring cumplir estas promesas? ¿Y a qué costo para las economías latinoamericanas que dependen de la inversión extranjera?
La implementación del reshoring enfrenta obstáculos considerables. Primero, no todas las empresas están dispuestas o en condiciones de regresar a los Estados Unidos. La optimización de costos, resultado de la competencia global, podría no ser sostenible en un entorno de producción más caro. Además, la infraestructura y la disponibilidad de mano de obra especializada en algunos sectores podrían ser insuficientes para satisfacer las demandas del reshoring.
Asimismo, las altas tarifas arancelarias que propone el nuevo gobierno podrían desencadenar una guerra comercial, afectando tanto a empresas estadounidenses como a consumidores. Los costos adicionales de los productos manufacturados en el extranjero podrían trasladarse al consumidor final, generando inflación y reduciendo la capacidad adquisitiva en un mercado que ya enfrenta presiones económicas.
América Latina, por su parte, podría experimentar un impacto significativo. Los países que han prosperado gracias al nearshoring tendrían que adaptarse a una disminución de la inversión estadounidense. Esto podría desacelerar economías que han invertido en capacidades de producción para abastecer al mercado norteamericano. México, en particular, podría enfrentar retos importantes al perder su papel clave en la cadena de suministro de las multinacionales estadounidenses.
Sin embargo, no todo es negativo. Este cambio podría ser una oportunidad para que América Latina diversifique sus relaciones comerciales. En lugar de depender exclusivamente del mercado estadounidense, los países latinoamericanos podrían fortalecer vínculos con otras regiones, ampliando mercados hacia Europa, Asia o entre sí. La entrada de Panamá como estado asociado de Mercosur es un ejemplo de este tipo de estrategia. La integración regional y el comercio interamericano podrían convertirse en pilares clave de la era pospandemia, ayudando a estas naciones a adaptarse a las transformaciones globales.
En conclusión, el reshoring busca robustecer la economía estadounidense en tiempos de incertidumbre, pero sus implicaciones para la economía global y las naciones latinoamericanas son complejas y diversas. Aunque podría generar empleo en los Estados Unidos, también puede traer consecuencias inesperadas que alteren las estructuras económicas ya establecidas. Para avanzar de manera equitativa y sostenible, será necesario un enfoque equilibrado que contemple las necesidades de todas las partes involucradas. De lo contrario, el reshoring podría generar más problemas de los que busca resolver.
El autor es Country Managing Partner – EY.