Hace unos días tuve el gusto de presenciar en el Ateneo de la Ciudad del Saber, el preestreno del nuevo documental de las talentosas artistas Pilar Moreno y Ana Endara, llamado Para su tranquilidad, haga su propio museo.
La obra nos muestra un universo singular que combina la magia, la poesía, la determinación, así como el ingenio creador de Senobia Cerrud, una muy notable mujer que dedicó sus años de madurez y retiro a convertir su pequeña casa ubicada en la comunidad de Paritilla, en la provincia de Los Santos, en un muy singular museo que, a ojos de las directoras, fue una muestra pionera de arte contemporáneo en Panamá.
Formado por los más diversos objetos, pero todos con un significado particular, “El museo de las antigüedades de todas las especies” fue una declaración de rebeldía de Senobia, justo en una de las áreas más conservadoras y tradicionales de Panamá. Sus frases lapidarias que sorprendían a los visitantes en cada rincón del museo, hablan de un espíritu libre, intrépido, singular.
“Camina, no dejes de caminar, que algún día en tus huellas alguien se ha de fijar”; “Soy el milagro más grande de la naturaleza”; “La vida se nos va como agua en las manos y nos hay quien la detenga”; “Aprende a ser feliz sola”, son algunas de las rotundas frases que Senobia escribía en tarjetas a las que dibujaba marcos y colocaba en las paredes de su casa-museo.
En el emotivo documental interviene un grupo de mujeres que conocieron y compartieron con Senobia las vicisitudes de la vida en el campo, así como sus aventuras creativas. Todas, unas más que otras, enfrentan hoy la dureza de la vejez y la soledad, así como las rancias costumbres locales nacidas del machismo ejercido primero por sus maridos y luego por sus hijos.
Encontrar ayuda y compañía en esa zona del país es tarea imposible, así que cuando el peso de los años debilitó definitivamente a Senobia, su familia se la llevó a un asilo donde murió. El museo fue entonces arrasado por la humedad, el tiempo y el olvido. Hasta ahora, que ha sido rescatado por la magia del cine.
Cuando escuchaba los tristes testimonios de las amigas de Senobia, que aludían una y otra vez a la soledad y a la imposibilidad de encontrar ayuda y compañía en esta etapa de sus vidas, recordé aquel Atlas de Desarrollo Humano Local que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó en 2015 y que, justamente, advertía con claridad que Herrera y Los Santos experimentarían un crecimiento acelerado de su población de adultos mayores.
“Herrera y Los Santos deberán comenzar a planificar para adecuar sus sistemas de salud a una mayor demanda de servicios de salud especializados, además de crear políticas de cuidado que cubran las necesidades de una población de adultos mayores cada vez más numerosa y longeva, y con mayor incidencia de enfermedades crónicas”, señalaba el documento.
Obviamente, nadie planificó ni ejecutó. Y la indiferencia oficial se evidencia estos días en un nuevo asfaltado de las calles del pueblo. La nueva capa de asfalto ha colocado las calles a una altura tal, que incluso salir de sus casas es una peligrosa tarea para los adultos mayores de Paritilla.
El Atlas de Desarrollo Humano Local fue una mina de oro de información para que los gobiernos -nacional y local- pudieran ejecutar políticas públicas específicas, enfocadas en las verdaderas necesidades de las diversas comunidades del país, usando eficientemente los recursos públicos.
Un dato muy relevante estos días, es el que identificó la baja sostenibilidad en la gestión de los residuos en todo el país. El 33% de la población declaró que se deshace de la basura directamente en su entorno, cifra que alcanza el 77.6% en las áreas rurales. Con estos datos y una planificación coordinada y apoyada desde el gobierno central, pero gestionada por los gobiernos locales, el grave problema que hoy tenemos entre manos habría empezado a resolverse. Tampoco sucedió.
El Atlas identificó que Panamá estaba en plena transición demográfica que, a nivel local, reflejaba tres ritmos de cambio. El primer grupo con alta presencia juvenil incluía Bocas del Toro y las comarcas, por lo que se recomendaba priorizar acciones en educación y salud, incluyendo atención a la primera infancia.
Un segundo grupo ubicado en Panamá, Colón, Chiriquí, Coclé, Darién y Veraguas, estaba formado por un creciente número de personas en edad productiva, lo que evidenciaba la necesidad de crear oportunidad de empleo e invertir en formación.
El tercer era el ya citado aumento de adultos mayores en Azuero, una realidad que en el documental Para su tranquilidad, haga su propio museo tiene cara de mujer.
Senobia Cerrud enfrentó la realidad de la indiferencia institucional con creatividad, sentido del humor y amor propio. Ella lo tenía claro y así lo escribió en uno de los carteles de su casa-museo: “Sola quizás, solitaria jamás”.
La autora es presidenta de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana (TI Panamá)