La primera forma de comercio entre los hombres fue el trueque: lo que uno tenía y no necesitaba, se cambiaba por lo que el otro tenía y tampoco necesitaba. Para ello se requirió que se produjeran excedentes, una vez que los humanos dejaron de ser solo cazadores y recolectores.
Esa forma primitiva de comercio dio paso a métodos más complejos para darle valor a la mercancía, hasta la creación de monedas como método de pago.
Sin embargo, el trueque, o versiones del mismo, se sigue utilizando estos días en diversas actividades. Entre ellas, la política.
Hace unos días, por ejemplo, Nicolás Maduro lo intentó sin éxito.
“Todo el que tenga el carnet de la patria tiene que votar, eso es dando y dando…”, fue uno de sus fallidos mensajes a los venezolanos.
Por estos lares estamos viendo, gracias al buen periodismo y al choque de los poderes públicos, un muy particular trueque político que más bien parece el saqueo de un botín. En este caso no existen excedentes producto del trabajo y el esfuerzo personal.
Lo que se intercambian no les pertenece.
El famoso pacto de gobernabilidad o acuerdo legislativo de junio de 2014, entre los panameñistas y una facción del PRD, por lo visto tenía algo más que el propósito de desactivar todas las bombas dejadas por Ricardo Martinelli en la administración pública y en la justicia.
Ahora todo indica que incluyó un escandaloso aumento en los recursos disponibles para el uso discrecional de los diputados…. de todos los diputados, a partir de 2015. Y como parte del pacto, le tocó administrar las primeras remesas millonarias al diputado del PRD Rubén De León, el mismo que llegó a la presidencia de la Asamblea prometiendo transparencia, y terminó en la más completa oscuridad.
Desde marzo de 2017, cuando la periodista de este diario Mary Trini Zea hizo las primeras revelaciones sobre los millones destinados a donaciones y contratos temporales que, en muchos casos, no llegaron a sus supuestos beneficiarios, hemos sido testigos de una desvergüenza asombrosa.
Las cifras, no por conocidas, dejan de impactar: las partidas para planilla de personal de confianza, contratos de servicios profesionales y personal transitorio, pasaron de 5 millones en 2014, a 21 millones en 2015, 79 millones en 2016 y 81 millones en 2017. ¡Un aumento del 600%!
Solo en 2017, cada diputado tuvo a su disposición 1.1 millones de dólares para contratar a su antojo, según las cuentas hechas por la periodista Zea.
Además, muchas de esas contrataciones, las de mejor salario por supuesto, se hicieron y se hacen para los familiares de los diputados.
La situación es especialmente grave, porque pillados con las manos en la masa, a pesar de los intentos de la presidenta de la Asamblea, Yanibel Ábrego, y de su asesor Jerry Wilson de impedirlo, los diputados siguen defendiendo con una cara dura impresionante, lo que consideran un derecho de usar los recursos públicos como si de un botín de guerra se tratara.
La desvergonzada creatividad legislativa, con apoyo del Ejecutivo, tiene un distinguido representante en el diputado oficialista Luis Barría y “su” cinta norteña.
Hay que reconocer que es un hombre organizado. Su proyecto del patronato llegó a la Asamblea en agosto de 2014, iniciando la nueva administración, y fue aprobado en enero de 2016. Un año largo de pulseo o trueque.
Ahora, tras ser nombrado presidente del patronato –y representante legal- sin que se le mueva un pelo debido al descarado conflicto de interés, al ser diputado del sector y presidente de la Comisión de Presupuesto de la Asamblea, empieza a recibir el fruto de su tenacidad en forma de dinero contante y sonante, de instituciones como el Municipio o la Autoridad de Turismo. Y para gastarse el dinerito, no necesita control previo de la Contraloría.
Se reparten el botín y, de paso, alimentan el escandaloso y dañino clientelismo, destruyendo los cimientos de la democracia. Pero no lo ven… están contando las monedas.
La autora es periodista, abogada y presidenta de la Fundación Libertad Ciudadana (Capítulo de TI)